Por: Óscar Fernández Galíndez – Venezuela / Correo: osfernandezve@hotmail.com

En el libro el pensamiento lateral de Eduard de Bono, nos plantea que el pensador vertical afirma sabe lo que está buscando, mientras el pensamiento lateral considera que busca, pero no sabrá lo que está buscando hasta que lo encuentre.

El pensamiento vertical es analítico, por su lado el pensamiento lateral es provocativo. Si un estudiante dijera: “Ulises fue un hipócrita”, podrían considerarse tres actitudes:

  1. Usted está equivocado, Ulises no fue un hipócrita.
  2. Qué interesante, dígame cómo ha llegado a esta conclusión.
  3. Muy bien. Siga. A dónde va a llegar usted a partir de esta idea.

El pensamiento vertical o hemisférico cerebral izquierdo, es organizado y secuencial. Por ejemplo, un escritor vertical lo primero al emprender un proyecto escritural, se hace de un índice. Un escritor lateral, no hace eso, él va armando una suerte de rompecabezas permanente sobre lo que todo que ha hecho y cuando emerge en su siquis un nuevo sentido a destacar, sólo acude a eso y lo arma. De allí que en una semana puede hacer hasta tres libros.

El escritor vertical tarda meses al escritor al escribir un libro, le encantan los detalles, al escribir busca no dejar hilos sueltos, el escritor lateral se nutre de los hilos sueltos para crear nuevos proyectos. Por ello, no es extraño que un escritor lateral se contradiga de un texto a otro.

El escritor vertical cree que llegará a una verdad última, tipo ley universal.  El escritor lateral no busca eso. Sabe que existen leyes universales pero su búsqueda se centra más en la certeza misma de la existencia del cambio, que en la identificación de regularidades.

Un escritor vertical busca convencer a los demás con argumentos bien hilados, el pensador lateral, no busca eso. Pues cada quien es capaz de estar o no de acuerdo, según sea su sistema de creencias, y como no pretende construir universalismos, también acepta y entiende las posturas contrapuestas.

Para los pensadores verticales siempre habrá una única solución ante un problema o situación dada, para los laterales de pensamiento, siempre hay múltiples posibles soluciones y antes de dar un paso, las evalúa todas.

El pensador vertical debe centrar su atención a una cosa a la vez, el pensador lateral puede por ejemplo ver televisión, hablar con alguien y escribir un ensayo como éste. Para el pensador vertical el tiempo es lineal y secuencial desde el pasado hasta el futuro. Para el pensador lateral, sólo existe un eterno presente que puede ser cambiado a cada instante.

Aquí no se trata de superponer un tipo de pensamiento sobre otro. Lo que nos interesa destacar aquí es que existe la diferencia y que desde allí se pueden construir complementariedades.

El problema aquí es que los pensadores verticales no consideran a los laterales como seres dignos de ser tomados en cuenta. Más, sin embargo, los pensadores laterales sí toman en cuenta a los verticales.

No en pocas ocasiones a los pensadores laterales se les ve como locos o excéntricos. De allí que sus ideas geniales sean valoradas pero sus comportamientos sociales no, por no encajar en los patrones preestablecidos.

Estás formas de ser y vivir, corresponden a estilos de aprendizaje y éstos se adquieren desde el nacimiento. Los mismos pueden ser potenciados o reprimidos al pasar de los años y debido a las relaciones con su entorno social.

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