Por: Óscar Fernández Galíndez – Venezuela / Correo: osfernandezve@gmail.com

Ya de por sí el hablar de ética sin prefijos sugiere un verdadero reto en esta sociedad confusa y autodestructiva. Y si le anteponemos el prefijo eco que sugiere la posibilidad de la existencia de un paradigma ecológico que la transversalice, hace de todo lo anterior un fenómeno aún más difícil de asimilar.

Partamos de la comprensión profunda de que este constructo que llamamos sociedad, constituye en sí mismo una artificialidad que lejos de conducir hacia el equilibrio y armonía de todos, está diseñado para todo lo contrario.

De allí que el desorden, la perturbación y la confusión en todos los órdenes de la vida, nos conduce hacia un permanente estado de desequilibrio interno que no nos permite el hacernos responsables de nosotros mismos. de allí que la vida se nos vuelva en la gran mayoría de los casos muy difícil.

Hay quienes, al referirse a la sociedad, prefieren denominarla en su lugar como suciedad. Esta última lectura puede ser vista por un lado como una expresión fatalista o como una oportunidad cuando desde el paradigma ecológico sabemos que toda suciedad puede ser transformada/transmutada en energía verde vía el reciclaje.

Sí comprendemos que todo es energía y que a través de nuestras aptitudes/actitudes será lo que recibamos del mundo, entonces ya no habrá más excusas para el pesimismo, ni la fatalidad en nuestra existencia.

Desde lo antes descrito, una ecoética es mucho más que un discurso amigable con el medio ambiente, es una disposición para y con la vida que no cae en un fanatismo tonto y que entiende que detrás de toda la aparente destrucción del mundo existe un reducido grupo de mal intencionados quienes a su vez dirigen grandes corporaciones que nos manipulan y que incluyen entre otros a los medios de comunicación, (los que a su vez incorporan en ellos la venta de productos ecoamigables). La industria farmacéutica, la industria química, la industria de la guerra, el narcotráfico, la ideología de género, el sistema educativo, el sistema represivo, la industria alimenticia, la corrupción en todos sus niveles, etc.

Todo lo anteriormente señalado y más, forma parte de un gran entramado de control y manipulación que busca que el ser humano no sea capaz de asumir su propio destino de forma libre y consciente de sí mismo. De hecho, hemos acuñado el término neuroterrorismo, para referirnos precisamente a todo lo contrario a la ecoética.

El Neuroterrorismo se fundamenta en el miedo colectivo, en la desinformación y en el engaño para generar en el colectivo humano patrones de comportamiento repetitivos que a grandes rasgos hacen creer a la gran mayoría que todo es un desastre y que no hay salida ante la aparentemente inminente autodestrucción de la humanidad.

Mientras la mayoría se encuentra sumida y sumisa ante este sistema de creencias inducido, y un pequeño grupo de seres se apropia de las riquezas materiales de la humanidad y mantiene esclavizados al resto haciéndoles creer que son libres de elegir. La ecoética es en consecuencia, la salida voluntaria del sistema de engaños, y la puesta en marcha de la dirección responsable del sentido de nuestras vidas.

Un ser consciente de sí mismo es un ser que sabe dónde está e intuye con certeza hacia dónde va. Los demás seres temerosos e indecisos optarán por una de dos posibles opciones, quedarse dónde están por miedo o seguir a aquellos que sí saben a dónde van.

Aquellos que sí saben a dónde van, no quieren tener a su alrededor ovejas tontas y obedientes, al contrario, desean que cada quién por voluntad propia decida convertirse en el dueño de su propio destino.

Para quién decida seguir a los seguros de sí mismo, también surgirán dos opciones, o se conforman con solo seguir a otro, o asumen su propia dirección. Incluso quién decida autoconducirse también tendrá dos opciones, o lo hace en solitario o lo hace ayudando a otros.

Así pues, la ecoética se nos presenta como un camino algorítmico que siempre ofrece por lo menos dos posibles opciones para quién voluntariamente decide seguir el camino de la libertad. El camino de la dicha plena.

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