Por: Richard Jiménez – Ecuador / correo: richmarcelo@hotmail.com / instagram: @pantalones_lectores

Mercedes González «Flor del Valle» fue una poeta pura, de aquellas que, desde su nacimiento, poseyó el lirismo a flor de piel. Nació en la ciudad de Guayaquil el 12 de octubre de 1860 y murió en Quito, el 23 de octubre de 1911. Además de la poesía, cultivó el cuento y la novela, también fue articulista y bibliotecaria; llegando a ser nombrada como directora de la Biblioteca Nacional del Ecuador.

Nuestra autora ha sido llamada «poetisa del hogar»; porque, en su subjetividad intimista, expresó las ternuras propias del hogar y de la familia. Es común en los poetas, en algún momento de su quehacer, el anhelar la primera infancia, añorar a la madre y al hogar; tal que si estos representaran un refugio idílico y etéreo. Pero, en los versos de Mercedes, esto se conjuga con una melancolía muy propia; lo que la vuelve una de las poetas que mejor han descrito el devenir humano, es decir, debatirse entre el gozo y el dolor. Y lo consigue porque el corazón le movió a cantar las penas como un bálsamo sanador.

En cuanto a la familia, y sus diversos miembros, en la poética de Mercedes cobran un papel principal. Versos dedicados a ellos, ellos como temas de su lírica; ¿por qué? Porque su gozo/dolor hizo que los experimentara en la dicha y en la angustia, sobre todo en la angustia sentida de que caigan presa de la enfermedad, del paso del tiempo y de la muerte. Por ejemplo, en su poema extenso Abuela, vuelto libro, dedicado a sus nietos Carlos, Aurelia y Esmeralda, la devoción hacia estos seres amados —dos veces hijos— es enternecedora.

En su obra Reminiscencias (Ambato, 1890), dedicado a «mi papá adorado», en una suerte de intercambio epistolar, solicita a su esposo, quien la conoce a fondo, le ayude con un prólogo. Revela que es el momento de dar a conocer al público sus «pobres versos», no por vanidad, sino para combatir contra quienes han dudado de la autenticidad de sus arte, que niegan la capacidad de una mujer para sentir y transmitir producción de tal factura; versos que, para ella, necesitaron más que de inteligencia, de corazón. Por su parte, el esposo advierte que, debido a la condición de ternura y amargura que expresan sus poemas, tenga cuidado del «público»; acaso sea injusto o no tenga el mismo corazón sensible que ella. Que los destinatarios no sean ni literatos ni críticos, dice.

Desahogos de un corazón que, en sus tempestades, obedece a sus propias leyes. Quien lea los versos de la autora, continúa el esposo, encontrará «un corazón delicado», «un caudal de dolores supremos», «tormentos resistidos con resignación». Que sus versos, presentes y futuros, sean una respuesta ante las ofensas de los calumniadores; que esos desahogos combatan las injusticias recibidas y sirvan de lección de virtud para su hija amada, María.

En el nido, que consta en Rosas de Otoño (Quito, 1911), la autora llega a niveles tan elevados en su arte que, de seguro, lo escrito no deja indemne a ningún lector; incluso llegando a tocar las fibras harto sensibles. El poema está dividido en seis cantos: Dios, Patria, Hija, Esposa, Madre y Mi Último Canto. El prólogo de Lastenia Larriva, escrito en Guayaquil, en julio de  1895, corrobora lo antes dicho. Ella tuvo la fortuna  de escuchar la composición directamente de boca de la misma poeta; con una voz melodiosa, pero a la vez trémula, hizo que en ella aflore el sentimiento desde lo profundo de su interior. Dedicado a su hija María, con amor maternal, va preparándola para que se lance al mundo. Las enseñanzas las transmite con cuidados y caricias. Procura que el pichón abandone el nido con las alas fuertes, sin olvidar que siempre podrá contar con su madre. A pesar de haber escrito para su hija, dejó una herencia para todas las hijas; imperativo que En el nido sea leído por todas las madres e hijas.

Además de los libros, la obra de Mercedes se encuentra desperdigada en varias antologías, revistas y diarios nacionales: El Combate (1883), El Tesoro del Hogar (1891), El Globo Literario (1893), Álbum Ecuatoriano (1898), Guayaquil Artístico (1901), La Ley (1904), La Mujer (1905), Revista de la Sociedad Jurídico Literaria (1905), Álbum fúnebre (1908), Patria (1908), La Ilustración Ecuatoriana (1909), La Unión Literaria (1910), El hogar cristiano (1911); y póstumamente en Dios y Patria (1934).

Proyecto escritoras olvidadas de América Latina.

El objetivo de este proyecto es volver a traer al debate el nombre de grandes escritoras de Latinoamérica. De muchas de ellas se ha dejado de hablar y de leer, pero se considera que sus legados son trascendentales y por ello este espacio es necesario.

Referencias

  • Barrera, Isaac J. 1 de enero 1910 – 10 de abril 1910. Estudios sobre modernismo literario. El Comercio. Quito: Casa de la Cultura Ecuatoriana.
  • Biblioteca Ecuatoriana Mínima. 1960. Poetas parnasianos y modernistas. Publicación auspiciada por la Secretaría General de la Undécima Conferencia Interamericana. Puebla: Editorial J. M. Cajica Jr. S. A.
  • González de Moscoso, Mercedes. 1890. Reminiscencias (páginas íntimas). Ambato: Imp. Del Tungurahua.
  • —. 1903. Abuela. Quito: Imprenta Nacional.
  • —. 1910. Cantos del hogar. Quito: Tip. De la Escuela de Artes y Oficios.
  • —. 1911. Rosas de Otoño. Quito: Tip. De la Escuela de Artes y Oficios.
  • Pesántez Rodas, Rodrigo. Desde el umbral del modernismo hasta el 50 (Estudio estilístico y selección poética del Ecuador). Tomo I, Quito: Edit. Casa de la Cultura Ecuatoriana.

Ensayo (in extenso) publicado originalmente en la colección DisTinta mirada.

Richard Jimenez

Richard Jimenez

Neal Moriarty «Richard Jiménez A.» (Ecuador, 1988). Licenciado en Filosofía y Máster en Estudios de la Cultura. linktr.ee/nealmoriarty
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