Por : Óscar Fernández Galíndez – Venezuela / Correo: osfernandezve@hotmail.com

Cuando la estamos pasando bien sentimos que el tiempo pasa volando, por otra parte, cuando estamos aburridos o la estamos pasando mal, sentimos que el tiempo va muy lento, esto sugiere que nuestra percepción del tiempo, tiene mucho que ver con nuestra neuroquímica.

Si esta comprensión la extrapolamos a nuestra percepción del bien y del mal, pareciera que nuestra moralidad, se encuentra  asociada  a la percepción del tiempo, también es una instancia de acción neuroquímica.

De allí que si logramos inducir estados neuroquímicos en nuestra psiquis podríamos lograr engañar a nuestra mente, por ejemplo a través de los juegos de realidad virtual. Si todo esto es así, es válido  preguntarnos  ¿Qué tan real es lo que en función de nuestra percepción del tiempo asumimos cómo tal?  Si esto es así, ¿Qué podríamos decir de nuestra comprensión del mundo en función de la relación olvido/ recuerdo?.

Existen personas que son incapaces de olvidar, Ellos son conocidos como personas con memoria autobiográfica superior o como memoria eidética, los que poseen este tipo de memoria los ven algunos como una bendición y otros como una maldición.

¿Qué pasaría si pudiéramos tener presentes nuestros recuerdos más lejanos cómo si acabaran de ocurrir? Para éstas personas el aquí y el ahora es el pasado remoto también. Otros ven todo esto como una curiosidad de circo, y otros cómo yo, vemos todo esto como una oportunidad para comprender la diversidad humana.

Por otra parte, una persona con una memoria olvidadiza es un gran problema, no sólo para esa persona sino para todo su entorno. Este último caso ocurre por ejemplo con aquellas personas que padecen de Alzheimer.

Por todo lo anterior, pareciera que recordar mucho en extremo no es muy bueno así como tampoco lo es el olvidar mucho. Debe así existir un equilibrio entre el recuerdo y el olvido, para que la mente se mantenga fresca.

Sí existe está gran variación entre persona y persona:

¿Cómo podríamos determinar que es real y que no lo es?

¿Cuándo recordamos, qué recordamos, algo que vivimos, soñamos, nos contaron o que imaginamos?

¿Cómo podremos confiar en nuestros recuerdos si no poseemos una memoria autobiográfica superior?

¿Qué ha de ser lo que nos guíe en este mundo imperfecto y en ésta realidad de ilusiones?

Eso que llamamos realidad o presente puede ser también una falsa realidad generada como una programación implantada con recuerdos falsos. Si nos repiten una mentira mil veces y al final todos lo hacen, todos terminan creyendo qué esa mentira es verdad.

Así funciona esto y así ha sido siempre, despertar consiste en darnos cuenta de esto a cada paso, cada segundo del día. Ni el pasado ni el futuro son certeros, es por ello que debemos concentrar nuestra atención y concentración en el eterno presente. Todo lo demás se irá tejiendo en torno a ello.

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