Por : Óscar Fernández Galíndez – Venezuela / Correo: osfernandezve@hotmail.com

El humor es acción y reacción, constituye además, un espacio intermedio entre el pensar y el sentir, el que piensa y/o crea el humor puede que se tome su tiempo o no para crear la situación humorística, pero esto no es suficiente si no existe el cómplice que se ría.

El humor es una chispa que se enciende y se esparce haciendo de un instante una oportunidad para la transmutación. Cualquiera puede hacer reír a otro y cualquier momento es propicio para el humor. Sobre todo, cuando no se espera.

En aquellos momentos de tensión en los que parece que la gente va a explotar negativamente, un instante de humor puede servir para transformar la situación. De allí que, entre el chiste y la risa, opere una suerte de magia que es atravesada por muchos factores.  Por ejemplo, un chiste puede ser muy bueno, pero si la persona que lo recibe es muy moralista, es decir es muy rígida en sus creencias sobre el bien y el mal, puede que no se ría.

Un ser que hace reír, no necesariamente es un ser feliz. De allí que irónicamente nos encontremos por ejemplo con humoristas que se suicidan. Un ser que hace reír no necesariamente es consciente de ello, esto puede generar confusión en quién propicia la situación y puede que crea que se burlan de él o no.

Las personas que poseen la condición denominada síndrome de Tourette, dado que generan movimientos involuntarios conocidos estos como tics nerviosos o lanzan groserías de igual modo, ellos hacen reír mucho a la gente y muchos de ellos se sienten humoristas y siempre tienen un chiste a la mano.

Otro aspecto curioso de esta condición es que ellos tienden a ser excelentes músicos, así como un poeta a tiempo completo piensa y siente la metáfora en su vida en todo momento. Quién vive el humor ve en cada instante de su vida, una oportunidad para reír o para hacer reír.

La mayoría ve todo esto como inmaduro o como falta de seriedad.  Sin embargo, son precisamente esas personas las que nos permiten ver más allá de las programaciones mentales que nos atrapan a través del ego y que nos muestran el tengo qué, como nuestro destino en la vida.

Por otra parte, ¿quién dice que el humor así como lo planteamos arriba, no es un acto serio?

La felicidad, puede ser confundida con la capacidad de reír o de hacer reír, pero eso es sólo parte de la fórmula. Sí eres capaz de hacer lo de arriba pero vives una vida incoherente, esa felicidad, será sólo apariencia. Un ser que va de fiesta en fiesta, de celebración en celebración, cree que es feliz, pero si no se alimenta bien, si no duerme bien y si además no atiende debidamente a sus responsabilidades sociales y familiares, entonces, su felicidad será sólo una máscara y no una realidad.

¿Cómo puede ser realmente feliz alguien que es un desastre en su vida y que además no está bien de salud?

La felicidad y la libertad, van de la mano. Ser feliz no consiste en hacer, decir, sentir y pensar lo que sea, sino ser coherente/congruente en y con la voz del corazón. Un corazón feliz es un corazón que ama y que respeta con alegría no sólo su existencia, sino la existencia de todo lo que existe.

La alegría de la vida consiste en no pretender controlarlo todo y en no tener más miedo a vivir. Vivir en el eterno presente, te hace un ser feliz y esa felicidad se vuelve contagiosa, esa felicidad es libertad del espíritu, aunque tengas los bolsillos vacíos. Un ser feliz es un ser que ama y que sobre todo no teme, es un ser que vive cada día al máximo sin esperar mayor cosa, es un ser consciente de quién es y no busca recompensas ni pretende convencer a nadie de nada.

Acepta con alegría lo que le llega y vive en paz consigo mismo y con los demás.

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