Por: Adriana María Valera Rolón – Colombia / Correo: amadeloa@gmail.com  / Instagram: @adry.valera

Lydia Obiní, Lydia mujer

El 20 de mayo de 1900 la Habana (Cuba) recibe el nacimiento de Lydia Cabrera. Sus padres, Raimundo Cabrera y Bosch y Elisa Marcaida y Casanova acogen a quien sería la menor de ocho hijos en total.

La enfermedad acompañó su niñez, motivo que obligó a la educación asistida en casa. Emma, su hermana mayor, y aquellas negras que figuraron en su infancia con el cuidado preciso y las historias de marca africana dieron cimiento al posterior proyecto antropológico-literario de Lydia. Emma desde el apoyo, las “tatas” desde la inventiva africana localizada en Cuba, en su domicilio.

La carrera de pintora de Cabrera no fue respaldada por su padre, las pinceladas que con disimulo trazó en la Academia de Artes “San Alejandro” (1914), se vieron interrumpidas por la negación injustificada de su progenitor. En 1925 viaja a España y luego a París, lugar a donde vuelve en 1927 tras visitar la isla.

En 1930 recibe graduación de L`Ecole du Louvre y en 1936 se publica Contes nègres de Cuba, obra escrita como estrategia de aliento y solidaridad a Teresa de la Parra en medio de la tuberculosis. En 1938 regresa a Cuba a emprender el camino de la investigación sobre la cultura y religiones negras.

Lydia se caracterizó por ser una mujer de carácter alegre, jovial, una personalidad de humor a toda ley. Quizá esa fue la llave maestra para generar empatía y confianza con quienes serían sus informantes.

 

Foto de.: https://notablefolkloristsofcolor.org

 

La participación en revistas se dio desde temprana edad, a los catorce años ya escribía para la revista Cuba y América. También escribió para Orígenes, Revista Bimestre Cubana, Lyceum, Lunes de Revolución y Bohemia.

Investigó sobre el arte y la religión de Japón y la India. Sus obras, consideradas como literatura de investigación, no sólo despertaron el interés investigativo por la etnología y el folklore antillano de la época, sino que dejaron huella y camino abierto para otros. 92 años no bastaron para desentrañar el universo negro pero sus aportes siguen vivos e influyentes.

Lydia y el exilio

Quizá una de las causas de la poca lectura y el desconocimiento de la obra de Lydia Cabrera en la isla se deba a su condición de exiliada. Miami la acoge en junio de 1960 con su clara postura anticomunista; a partir de ahí y por treinta años el legado cubano y afrocubano en las letras, ideas, estudios y la vida de esta autora emergen desde este nuevo lugar cuyas características sociales, culturales, geográficas, sabemos, son disímiles de Cuba y de África.

La cercanía de Miami con la isla lo convierte en recinto certero de cubanos que como Lydia Cabrera salieron de su país buscando refugio. Lydia tenía una esperanza en el exilio. Ya en Miami dice estas palabras a Rosario Hiriart en una entrevista:

Pensé que los cubanos sabrían defender aquí la causa de la libertad de su país, informando a la opinión pública, como supieron hacerlo aquellos del 95, obligando al Presidente McKingley, que no quería la guerra, a intervenir en Cuba. Pero pronto me desilusioné. (1978: 169)

 

Foto de: https://notablefolkloristsofcolor.org

 

La temática que aborda Lydia tiene muchos saltos geográficos en su producción (Cuba, París, Madrid, Nueva York, Miami) que pueden sugerir el por qué del estilo versátil de sus obras. La mirada es distinta, como distintos son los momentos que atraviesa Lydia y el mundo, pero Miami como lugar-contexto de la producción de Ayapá, cuentos de Jicotea toma también importancia en tanto nueva ubicación para la práctica santera.

El texto “Koeko Iyawó: aprende novicia. Pequeño tratado de regla lucumí” (1980) cita las nuevas condiciones de la práctica, la pérdida o desuso de algunos rituales importantes y la situación comercial que el imperio atrae hacia la religión:

Ahora por hacer dinero, todos son Santeros y Santeras” (Cabrera, 1980: 9)

Lydia se detiene en la observación de las “botánicas” o almacenes santeros y con palabra nostálgica es ojo crítico de conductas amorales de falsos Babalochas e Iyalochas en esta ciudad:

Como no quieren trabajar el Santo lo cobran desmesuradamente; le dicen a la gente que si no hacen Santo se mueren; que para conseguir trabajo tienen que hacer Santo; para poder casarse, hacer Santo. Que uno se dio una caída, pues es señal que tiene que hacer Santo. No hay registro en que no salga una letra que hable de   hacer Santo, y a la carrera, desde Okana a Meridilogún, ya no hay ebó que valga. De una vieja lista de ebó se eligió para una persona uno que valía once pesos. ¿Cuánto cree usted que se cobró aquí? ¡$100.00! y además el interesado lo traía todo. (Cabrera, 1980: 177)

 

Foto de: https://diadelasescritoras.bne.es

 

Lo importante de nombrar el exilio en el ejercicio literario de Cabrera no sólo es para expresar su lugar político sino para dibujar la elasticidad del término identidad para el caso de la mayor de las Antillas, enlazado con lo afrocubano específicamente. Con elasticidad sugiero la extensión de la identidad en el exilio; con lo afrocubano me refiero a su materialización en la santería, entre los varios lugares de anclaje posibles.

La santería en Miami (Florida) se da como proyección de ese deseo de continuar un legado identitario que, necesariamente, se ve moldeado por las exigencias de un contexto otro (capitalista). La literatura de Ayapá cuentos de Jicotea, por su lado, emerge desde la añoranza de Lydia como única posibilidad de retorno a ese lugar geográfico “inexistente”.

El objeto de analizar la pareja literatura-santería desde la luz del término identidad es mostrar que dicho concepto no es estático ni alude necesariamente a un territorio y que se posterga a través de las letras ficcionales o de tipo etnográfico elaboradas por Cabrera.

Obras

  • Cuentos negros de Cuba.
  • ¿Por qué? Cuentos negros de Cuba.
  • El Monte.
  • Refranes de negros viejos.
  • Anagó, vocabulario lucumí.
  • La sociedad secreta Abakuá, narrada por viejos adeptos.
  • Otán Iyebiyé, las piedras preciosas.
  • Ayapá: Cuentos de Jicotea.
  • La laguna sagrada de San Joaquín.
  • Yemayá y Ochún.
  • Anaforuana: ritual y símbolos de la iniciación en la sociedad secreta Abakuá.
  • Francisco y Francisca: chascarrillos de negros viejos.
  • Itinerarios del Insomnio: Trinidad de Cuba.
  • Reglas de Congo: Palo Monte Mayombe.
  • Koeko iyawó, aprende novicia: pequeño tratado de regla lucumí.
  • Cuentos para adultos, niños y retrasados mentales.
  • La Regla Kimbisa del Santo Cristo del Buen Viaje.
  • Páginas Sueltas.

Proyecto escritoras olvidadas de América Latina.

El objetivo de este proyecto es volver a traer al debate el nombre de grandes escritoras de Latinoamérica. De muchas de ellas se ha dejado de hablar y de leer, pero se considera que sus legados son trascendentales y por ello este espacio es necesario.

Referencias:

  • Adriana María De Los Ángeles Valera Rolón (2012). Batá literario: oralidad, representación y santería en: Ayapá, cuentos de jicotea de Lydia Cabrera. Trabajo de grado presentado como requisito para optar por el Título de Profesional en Estudios Literarios en la Pontificia Universidad Javeriana Facultad De Ciencias Sociales Carrrera De Estudios Literarios Bogotá- Colombia.
  • Cabrera, L. (1980). Koeko Iyawó. Aprende novicia: pequeño tratado de regla lucumí. Miami: Library of Congress Catalog Card.
  • Hiriart, R. (1978). Lydia Cabrera: vida hecha arte. New York: Torres Library of Literary Studies.
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