Por: Enrique Urrea Sepúlveda, 81 años / Fundo Nuevos Aires, Ponotro – Cañete, Chile / Instagram: @enriqueurreasepulveda
Ernesto Wilhelm de Moesbach nació un 9 de septiembre de 1882 en Mösbach, en la Selva Negra del sur de Alemania. Hijo de pequeños agricultores bávaros, tomó los hábitos en la orden capuchina de Baviera el 17 de septiembre de 1904 y se ordenó sacerdote el 10 de agosto de 1910. Durante la Primera Guerra Mundial, sirvió durante cuatro años como asistente espiritual y capellán del regimiento de artillería de Baden. Por ello, el gobierno alemán le otorgó la Cruz de Hierro.
En 1920 llegó a las misiones araucanas de la orden capuchina bávara: primero arribó a Cunco, después a San José de la Mariquina en 1922 y, finalmente, a Bajo Imperial (hoy Puerto Saavedra) en 1934. En esta última locación conoció al cacique Pascual Coña, jefe de una reducción local. El sacerdote advirtió la sapiencia ancestral del cacique y quedó sorprendido por ella. Con él aprendió su lengua, costumbres y usanzas entre 1924 y 1927. Todo lo aprendido le sirvió para escribir un documento muy completo sobre la lengua araucana, indispensable para la etnología chilena.
Asimismo, coleccionó el herbario taxonómico más completo de la época. Por sus valiosas investigaciones, el gobierno de Chile le otorgó la Orden al Mérito Bernardo O’Higgins.
Con posterioridad, en la década de los 50, se descubrió un manuscrito inédito sobre botánica indígena escrito por el padre Ernesto, estudioso de la flora autóctona de Chile y de la cultura mapuche. En esta misma época se editó la obra y se agregó una autorización desde el Vicariato Apostólico de la Araucanía para el libro Botánica indígena de Chile, fechada el 4 de septiembre de 1986 por Sixto José Parzinger, obispo y vicario apostólico.
Tras concederse la autorización, varias instituciones chilenas asumieron la responsabilidad de la publicación a través del Museo Chileno de Arte Precolombino y la Fundación Andes. La reproducción de la obra se hizo respetando la misma redacción y espíritu originales; incluso se dejaron algunos conceptos metodológicos que la botánica ya no utiliza, pero que corresponden al momento histórico del texto. Por otra parte, se revisó la taxonomía científica de las especies para hacerlas accesibles a botánicos y naturalistas. Es, sin duda, un trascendental aporte al patrimonio cultural de Chile.
El sacerdote Ernesto siempre creyó que el pehuén, el alerce y el copihue mapuche crecerán a pesar de los apetitos comerciales que «erosionan el alma y después el suelo».
Obras:
- Vida y costumbres de los indígenas araucanos en la segunda mitad del siglo XIX, 1930.
- Voz de Arauco: Explicación de los nombres indígenas de Chile, 1944.
- Idioma mapuche, 1963.
- Diccionario geográfico-etimológico indígena de las provincias de Valdivia, Osorno y Llanquihue, 1952.
- Botánica indígena de Chile, 1986.
De la Selva Negra al sur de Alemania a la selva verde del sur de Chile: tal fue el éxodo de un estudioso de la naturaleza física y moral del pueblo mapuche, cuyo fin fue mostrar la sabiduría ancestral de los indígenas para que preserven esa levadura originaria de su cultura.
El gobierno alemán le otorgó la Cruz de Hierro; su amigo Pascual Coña, lonco de la Araucanía, le regaló una cruz del canelo sagrado… De este modo, dejó un legado vivo, un patrimonio que nace de la tierra y nos rodea. Este es un concepto que debemos retomar en este próximo Día del Patrimonio: el patrimonio está vivo.

