Por: Ricardo J. Chaparro – Tovar – Venezuela, Miembro Fundador de la Red Latinoamericana de Divulgación Científica (RLDC) / Instagram: @ricardojcht/ Correo: ricardochaparroinia@gmail.com
https://orcid.org/0000-0003-0749-726X
El presente escrito es una contribución desde la Red Latinoamericana de Divulgación Científica.

La revisión por pares (peer review) constituye el eje principal de la validación del conocimiento científico, es concebida como un filtro de calidad, rigurosidad y pertinencia, esta práctica somete la producción de los investigadores al escrutinio de expertos en sus respectivas áreas de conocimiento. Sin embargo, a pesar de su rol institucionalizado en el mundo editorial, el proceso suele despertar una profunda aprehensión en la comunidad científica y académica, transformándose a menudo en una fuente de ansiedad y temor. Desmitificar la revisión por pares exige comprender su génesis, examinar su evolución y, fundamentalmente, decodificar los temores subyacentes que experimentan los autores para transformarlos en estrategias de crecimiento profesional.
Génesis y evolución histórica del arbitraje científico
Contrario a la percepción generalizada de que la revisión por pares ha existido desde los albores de la ciencia moderna, su adopción sistemática es un fenómeno relativamente reciente. Los primeros indicios de evaluación externa se remontan al siglo XVII con la creación de las sociedades científicas, como la Royal Society de Londres (1662) y la Académie des Sciences de París (1666). En ese entonces, los comités editoriales realizaban una selección interna de los manuscritos que se publicarían en sus boletines, más orientada a proteger la reputación de la institución que a un arbitraje técnico riguroso (Csiszar, 2016).
Durante los siglos XVIII y XIX, la evaluación dependía casi exclusivamente del criterio de los editores en jefe. Figuras de la talla de Albert Einstein llegaron a manifestar su rechazo cuando, de forma excepcional, sus manuscritos eran enviados a terceros; en 1936, Einstein retiró un artículo sobre ondas gravitacionales de la revista Physical Review tras reaccionar con indignación ante las objeciones de un revisor anónimo (Kennefick, 2005).
No fue sino hasta la segunda mitad del siglo XX, tras la Segunda Guerra Mundial, cuando la especialización del conocimiento y el volumen exponencial de la literatura científica superaron la capacidad analítica de los editores. Esto, sumado al abaratamiento de las tecnologías de fotocopiado, forzó a las revistas a institucionalizar el envío de manuscritos a expertos externos. Hacia la década de 1970, el arbitraje se consolidó como el estándar de oro indispensable para cualquier publicación que aspirara a la indexación internacional (Csiszar, 2016).
Modalidades de revisión por pares
A lo largo de su evolución, el sistema ha diversificado sus metodologías para adaptarse a las demandas de transparencia y equidad. Las principales modalidades vigentes son:
- Simple ciego (Single-blind): Los revisores conocen la identidad de los autores, pero estos desconocen quiénes evalúan su trabajo. Facilita la contextualización del estudio, pero puede dar pie a sesgos de género, nacionalidad o prestigio institucional.
- Doble ciego (Double-blind): Las identidades de autores y revisores se mantienen bajo estricto anonimato. Es el modelo tradicional más extendido, diseñado para garantizar la objetividad, aunque en campos de investigación muy especializados el anonimato del autor suele verse comprometido por las autorreferencias o el estilo metodológico.
- Revisión abierta (Open peer review): Se revelan las identidades de ambas partes. En algunos casos, los dictámenes se publican junto al artículo final. Fomenta la cortesía profesional y reduce la agresividad innecesaria en los comentarios.
- Revisión posterior a la publicación (Post-publication peer review): El manuscrito se publica en plataformas abiertas (a menudo tras un filtro técnico inicial) y la comunidad científica lo evalúa, comenta y critica de forma continua y pública.
Desde la experiencia en el acompañamiento y tutoría de investigadores en formación y de carrera, es evidente que el proceso de arbitraje suele percibirse como un tribunal punitivo más que como un diálogo constructivo. Los temores más recurrentes detectados en la práctica tutorial se pueden sintetizar en tres dimensiones:
- El sesgo del “Revisor 3” y la arbitrariedad: Existe un miedo latente a encontrarse con evaluaciones hostiles, destructivas o contradictorias, donde el árbitro utiliza el anonimato para dirimir disputas teóricas personales o exigir la citación forzosa de sus propios trabajos.
- El síndrome del impostor y el rechazo: Para el investigador, el manuscrito es el resultado de meses o años de esfuerzo intelectual. Un dictamen desfavorable suele asimilarse erróneamente como un juicio de valor sobre la capacidad intelectual del autor o la validez de su trayectoria, provocando parálisis en la gestión por parte del autor.
- El retraso en los tiempos de respuesta: En los sistemas científicos actuales, regidos por la inmediatez y la necesidad de certificar productividad, la ralentización del proceso de revisión genera una honda preocupación por la obsolescencia de los datos o la pérdida de oportunidades de financiamiento.
Directrices profesionales para la gestión de dictámenes
Para mitigar estos temores, la tutoría debe orientarse a enseñar el manejo profesional, estratégico y sin pasiones de las observaciones de los revisores. Se recomiendan los siguientes pasos:
- Distanciamiento emocional y lectura inicial: Ante la recepción del dictamen, se aconseja realizar una primera lectura técnica y dejar reposar el documento por 48 horas. Esto evita respuestas defensivas o viscerales y permite procesar las críticas de forma analítica.
- Construcción de una matriz de respuesta sistemática: La contestación a los revisores debe presentarse en un documento independiente, estructurado de forma tabular o numerada, que desglose cada comentario del evaluador, la respuesta argumentada del autor y la indicación exacta del cambio realizado (línea y página del manuscrito modificado).
- Rigurosidad y cortesía: Respóndase siempre con un tono formal y profesional, agradezca los comentarios que genuinamente enriquecieron el manuscrito.
- Disentimiento argumentado: No es obligatorio aceptar todas las exigencias del revisor si estas alteran la esencia de la investigación o incurren en errores teóricos. Es perfectamente legítimo disentir, siempre y cuando se sustente la posición del autor con evidencia empírica, datos propios o literatura científica de respaldo.
Formación práctica del arbitraje mediante Preprints
Una de las mejores estrategias para que los investigadores pierdan el temor a la revisión por pares es participar activamente en ella desde un entorno colaborativo. Evaluar el trabajo de otros permite comprender la lógica del revisor y perfeccionar la propia escritura. El mundo de los preprints (manuscritos científicos publicados antes de pasar por la revisión por pares formal de una revista) ofrece plataformas gratuitas ideales para entrenarse en este proceso, a continuación recomiendo dos de ellas:
PREreview (prereview.org): Es una plataforma web diseñada específicamente para democratizar la revisión por pares. Permite a los investigadores —particularmente a los que están en etapas tempranas de su carrera— encontrar preprints de diversas áreas, escribir reseñas de forma independiente o participar en clubes de revisión por pares en vivo de manera colaborativa y gratuita.
PubPeer (pubpeer.com): Aunque funciona principalmente como una herramienta de discusión y alerta sobre la integridad científica post-publicación, permite a los usuarios comentar de forma gratuita y abierta sobre preprints y artículos publicados, facilitando un ejercicio crítico de análisis metodológico de gran valor pedagógico.
En definitiva, la revisión por pares no es un mecanismo infalible, pero sigue siendo el proceso principal de la credibilidad científica. Cuando el investigador comprende su historicidad, asume que el arbitraje no es un ataque personal y se ejercita en la evaluación crítica a través de entornos abiertos, el temor se disipa. La clave reside en transformar la revisión de un obstáculo intimidante a una conversación científica indispensable para la mejorar el manuscrito. Al responder a la interrogante que da título a estas líneas, descubrimos que el proceso en sí mismo es una oportunidad de perfeccionamiento. En el arbitraje científico, finalmente si hay algo que temer, es a no intentarlo.
Referencias
- Csiszar, A. (2016). Peer review: Troubled from the start. Nature, 532(7599), 306–308. https://doi.org/10.1038/532306a
- Kennefick, D. (2005). Einstein versus the physical review. Physics Today, 58(9), 43–48. https://doi.org/10.1063/1.2117822

