¿Cómo estamos produciendo?

Por: Enrique Urrea Sepúlveda – Cañete, Chile

La tierra ya no da abasto para producir los alimentos que el hombre necesita, y esta demanda no es solo de cantidad, también lo es en calidad. De hecho, el planeta crece a rangos mayores que los volúmenes de cosecha de los principales alimentos.

Según la FAO la población mundial creció a una tasa promedio de 1,4%, mientras que el trigo, por ejemplo, solo aumentó un 0,5%. El 40% de los suelos está degradado, lo que implica menores rendimientos, y a esto agregamos todos los fenómenos climáticos que aumentan en intensidad: que la tierra está siendo usada para otros fines, las cosechas agrícolas se industrializan como biocombustibles. Esto hace que esté en crisis el sistema productivo mundial, incapaz de satisfacer las necesidades básicas.

Y la pregunta del millón sería:

Si la tierra no puede paliar el hambre, ¿Cómo podrá hacerlo en el 2050? cuando la población mundial alcance los 10 mil millones de habitantes?

Tampoco podemos desconocer los factores que suman a esta desigualdad: Por un lado, las sequías que afectan seriamente la producción en Rusia y Argentina, y ahora lo están haciendo en la zona centro-norte de Chile. Por otra parte, las inundaciones afectaron las cosechas en Canadá, Australia y Paquistán. Esto afecta los stocks mundiales de alimentos, produciendo demanda y aumento de precios. A ello se suma la inestabilidad y la violencia en el medio-oeste y el mundo árabe, que ha disparado el precio del petróleo, que incide directamente sobre los costos de producción, especialmente en el transporte, fertilizantes, pesticidas, etc.

Hoy la gran preocupación de los gobernantes, debe ser la seguridad alimentaria, ya que en muchos países hay personas que se están yendo a dormir sin comer. La perspectiva para el agro, es que no solo sea productor de alimentos, será un elemento clave en las decisiones políticas y económicas para terminar con este flagelo que nos avergüenza y que es terminar con el hambre en el mundo. En esto la agricultura es clave en la seguridad alimentaria, pero hay que enfrentar el tema desde todos los ángulos posibles.

El desafío hoy no es solo sacar a los pobres de la línea de la pobreza, implica también la creación de un agro pujante, donde especialmente los pequeños productores tendrán un papel preponderante. Hay que considerar que hay cerca de 500 millones de pequeñas explotaciones y en gran parte del mundo, son los que producen la mayor cantidad de comida. El problema es que sus parcelas son deficientes por falta de conocimientos y capacitación, de recursos técnicos y financieros, acceso a líneas de créditos blandos, certificación de impuestos ante catástrofes y calamidades. Por esto, los líderes del mundo deben invertir en estas necesidades y proyectar un notable aumento de producción por hectárea, facilitar el microcrédito, y el uso de seguros e indemnizaciones cuando haga falta. Hay un mundo de oportunidades y nuevos desafíos en los sectores rurales. Los habitantes de las ciudades cada vez son más, disponen de más recursos para comida y han diversificado su alimentación.

Pero este aumento de producción, tiene que hacerse de manera sustentable en términos del uso del suelo y ambientales. También resulta altamente recomendable, recuperar el uso de cultivos tradicionales locales y que por mucho tiempo alimentaron las necesidades de la población. Especies como: quínoa, amaranto, papas, maíz, mandioca, name, camote, lupinos, batatas, rosa mosqueta, mutilla, moras, maqui, tunas, ruibarbo, lúpulo, etc. Muchas son especies milenarias y en otras, recién han sido descubiertas sus cualidades culinarias, medicinales o industriales, y algunas, aún no han sido debidamente estudiadas, y esto es una tarea pendiente del estado, universidades, empresas privadas y obviamente de cada productor.

También será necesario estudiar el lugar más apropiado para su producción. La organización de los pequeños agricultores en cooperativas o centros comunitarios, para organizar y facilitar su producción y comercialización. Invertir en investigación en otras áreas es fundamental, ya que la tecnología al servicio de los pequeños productores les permitirá pasar de una “Economía de subsistencia”, a una “de producción”. Además, estos grupos organizados, son más factibles de incluirlos en proyectos de desarrollo regional, convirtiéndolos en polos agro-tecnológicos o crediticios, y con las leyes y reglamentaciones que promuevan las nuevas tecnologías como una agricultura ambientalista y sustentable. También es indispensable reordenar las exportaciones, sacando toda traba burocrática, que dejan fuera del sistema a los pequeños productores, precisamente por los que debemos preocuparnos.

Por otro lado, los grandes productores deben hacer de punta en estas cuestiones como: una planta fotovoltaica, comprar bonos de carbono, una forestal apostar a plantar especies nativas, etc. Lo que debiera motivarlos a ser pioneros, anticiparse a la tendencia que viene, de hecho, ser verdes les da un valor agregado frente a los consumidores y países importadores, que están dispuestos a pagar más porque sus proveedores tienen un sello ambiental.

Sabemos toda la problemática de la energía, la actual dependencia del sistema eléctrico interconectado, y de las energías fósiles (carbón), lo deja vulnerable cundo se enfrenta a situaciones como una gran sequía, sismos, tsunamis, etc. Por eso, se debe apostar a energías alternativas y no dependientes y contaminantes como: la energía solar, eólica o biocombustible.

Otra tecnología de punta que debe ser expandida cada vez más, es internet y redes sociales, a través de portales en Facebook, que les permita sondear “la opinión pública”, y no quedarse sólo en “la opinión publicada”. Utilizar luego esta información para optimizar procesos y en la toma de decisiones.
Otro giro importante que debe sufrir la comercialización y el packaging, es apostar a tener gran parte de la producción orgánica, y, además, certificados como: “carbonocero”, dándole credencial de amigables con el medio ambiente y tener una cara verde.

Frente a todas estas realidades, falta mayor conciencia de las empresas, “que se
crean el cuento”, el aporte es insuficiente, y se nota en indicadores: las comunas forestales de Chile, son las más pobres y con menor índice de desarrollo. Falta integrar más a las comunidades, capacitar y entenderé que hoy además de “una gestión comercial”, debe haber una clara “dinámica medio-ambiental”.
Otro de los puntos que se echa de menos, es la apuesta del gobierno por promover todas estas innovaciones en el sector privado. En muchos países hay incentivos, excepción de impuestos, etc. Para quienes arriesguen, por esto, habría muchísimas posibilidades, pero, a manera de ejemplo van estas:

  • Apostar a productos con mayor valor agregado.
  • Desarrollar proyectos que incluyan las comunidades.
  • Expandir los procesos de consulta y participación ciudadana.
  • Aumentar, redimensionar y darle un nueva visión turística-ambiental a Iaa áreas de conservación.
  • Implementar programas de formación medioambiental en las empresas.
  • Resaltar los atributos de lo que se está haciendo.
  • Incluir muchas de estas materias en la curricula del nivel medio y universitario, para ir cambiando la mentalidad, y la formación de ciudadanos consientes y participativos.
    Chile es un referente de exportador de fruta fresca y vinos en la región, pero, ahora se ve como las economías vecinas, acortan cada vez más las distancias. Los expertos dicen que Chile se tiene que poner las pilas y tomar acciones concretas para hacer frente a esa realidad. Si Chile no se aviva, le van a serruchar el piso en los mercados de exportación. Sin embargo, Chile tiene algunas fortalezas interesantes:
  • La creciente diversificación de mercados incluyendo Europa, Latinoamérica, Estados Unidos, y cada vez más el medio y lejano oriente, lo que nos da una estabilidad mayor respecto a nuestros vecinos que son más dependientes.
  • El servicio agrícola y ganaderos (SAG) es un órgano fiscalizador reconocido a nivel mundial, por ser altamente exigente. Esto se debería promocionar.
  • Las barreras naturales, las condiciones del suelo, la buena calidad del agua entre otras, son sellos que dan valor agregado a nivel internacional.
  • Chile está a la vanguardia en varios temas, reconocerlos permitiría dar categoría a los productos.

Otro gran tema pendiente de Chile es su condición de “país sísmico”, y en esto debemos reconocer que somos muy vulnerables. Y en lo que respecta al sector agrícola, las centrales eléctricas dejaron sin luz y los cultivos sin agua, y esto no debe volver a pasar; esta lección debe servir de marco de referencia, para entre otras cosas, redistribuir y mejorar la infraestructura productiva a esta condición sísmica. Esto además de serios estudios técnicos, conllevan mejorar la condición del sector público con el privado, las comunicaciones, incentivar la ley de fomento de riego y reagrupar a los pequeños productores, que siempre quedan fuera de incentivos o indemnizaciones.

La creación de financiamiento tanto público como privado y acceder a las emergencias climáticas o de catástrofe. Ante las grandes sequías de los últimos 5 años, las soluciones son siempre para paliar la emergencia y llenar los baches actuales. Hoy sin proyectos unificados e infraestructura suficiente, se pierden 100.000 millones de metros cúbicos de agua dulce de mar. Por esto, debería haber un gran ente público-privado, que haga estudios a largo plazo, para establecer todos los embalses, pozos y canales, acompañados de líneas especiales de créditos y leyes ambientales para todas las realidades de cada región.

Un gran tema que aún está pendiente, es el buen uso del suelo: desde el punto de vista de la conservación, la prioridad es la “labranza cero”. La idea es evitar la tradicional forma de mover el suelo, con aradas, rastreadas, etc. Y la quema de rastrojos: la primera termina por compactar el suelo, por el continuo pisoteo de grandes tractores, que terminan por formar “el pie de arado”, capa dura que evita un buen desarrollo radicular, y el buen uso del riego. En el caso de la “quema de rastrojos” significa además la quema de los primeros 10 cms. de suelo, donde está toda la “fauna edáfica”, bacterias, virus, hongos, nematodes, rizobios, levaduras, gusanos, lombrices, que dan vida al suelo, y la materia orgánica, indispensable para la vida de las plantas. Desgraciadamente estas prácticas son antiquísimas y no se ven miras de terminar. También hay universidades que no tienen departamento de conservación de suelos. Si tuviéramos poder para hacerlo, deberíamos llamar a los ministros y secretarios de agricultura, a los decanos de las facultades de agronomía y pedirles cuanta por “los suelos de Chile”.

Respecto a la ciencia e investigación, han entregado valiosos aportes: papas resistentes al tizón, virus, bacterias, especies enanizantes, soya con un gen resistente a herbicidas de hoja ancha, etc. Pero aún es insuficiente.

Para evitar la quema de rastrojos, habría que modificar el ordenamiento jurídico, estudiar los cuerpos legales y, coordinarlos con un subsidio similar a los “suelos degradados”, para quienes pasen de estas prácticas a las de “labranza cero”.

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