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Visiones estratégicas de Venezuela ante los BRICS: un análisis discursivo
2Estudiante. Postdoctorado en Seguridad, Defensa, Desarrollo en Innovación. Universidad Nacional Experimental Politécnica de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (UNEFA). Av. La Estancia, con Av. Caracas y Calle Holanda, frente al Centro Banaven, Cubo Negro, Chuao, Código Postal: 1061. Caracas, Venezuela.
La posible adhesión de Venezuela al bloque BRICS plantea un desafío estratégico ante la necesidad de superar el aislamiento diplomático y la dependencia económica en un sistema mundo multipolar. El presente estudio tuvo como objetivo analizar las visiones estratégicas de seguridad, defensa, desarrollo e innovación de Venezuela ante una eventual inserción en este proceso de integración. La investigación se justificó en la necesidad de comprender la viabilidad de dicha adhesión como una vía para asegurar la soberanía y fomentar un crecimiento sostenido frente a las presiones de los estados centrales. El análisis se fundamentó en la teoría de los Sistemas Mundo de Wallerstein (2005) para comprender las dinámicas de poder global. Se aplicó una metodología cualitativa, no experimental y de campo, con enfoque discursivo, que utilizó los informes PESTEL y FODA de 36 especialistas de una jornada realizada en la UNEFA, Caracas. Mediante el software Atlas.ti V.25, se procesaron 76 indicios agrupados en cuatro categorías naturales: BRICS (35,13%), Económico (29,81%), Político (21,04%) y Contrariedad (14,03%). Los hallazgos revelaron que Venezuela posee ventajas estructurales debido a sus recursos, factores que podrían fortalecer la resiliencia nacional. Como aproximaciones, se concluyó que la desdolarización es clave para la innovación productiva. No obstante, la efectividad de este proceso depende de superar la fractura en el consenso regional y mitigar los riesgos de nuevas dependencias externas en el marco de la policrisis global.
Venezuela’s potential accession to the BRICS bloc poses a strategic challenge given the need to overcome diplomatic isolation and economic dependence within a multipolar world-system. The general objective of this study was to analyze the strategic visions of security, defense, development, and innovation in Venezuela regarding an eventual insertion into this integration process. The research was justified by the need to understand the viability of such accession as a means to ensure sovereignty and foster sustained growth in the face of pressure from core states. The analysis was grounded in Wallerstein’s (2005) World-Systems theory to understand global power dynamics. A qualitative, non-experimental, and field methodology was applied, featuring a discursive approach that utilized PESTEL and SWOT reports from 36 specialists during a specialized seminar held at UNEFA Caracas. Using Atlas.ti V.25 software, 76 clues were processed and grouped into four natural categories: BRICS (35.13%), Economic (29.81%), Political (21.04%), and Conflict (14.03%). The findings revealed that Venezuela possesses structural advantages due to its resources, factors that could strengthen national resilience. As preliminary insights, it was concluded that dedollarization is key to productive innovation. Nevertheless, the effectiveness of this process depends on overcoming the fracture in regional consensus and mitigating the risks of new external dependencies within the framework of the global polycrisis.
Introducción
La posible adhesión de Venezuela al bloque BRICS (acrónimo que identifica la asociación de las economías nacionales de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) plantea una serie de consideraciones críticas en torno a la seguridad, la defensa, el desarrollo integral y la innovación del país. En el contexto de un sistema-mundo que Wallerstein (2005) describe como un sistema histórico en proceso de bifurcación, esta eventual incorporación exige una evaluación estratégica de las capacidades nacionales para asegurar la soberanía. El presente trabajo se enfoca en la construcción de escenarios prospectivos, fundamentándose en los aportes sobre el sistema-mundo de Wallerstein (2005) para comprender las tensiones entre las estructuras de poder global y las tendencias seculares que caracterizan la economía-mundo capitalista actual.
Desde la óptica de Wallerstein (2005), las naciones dentro del sistema-mundo conciben sus estrategias de planificación con una visión de largo plazo que incorpora actividades dirigidas a la toma de decisiones sobre su seguridad, defensa, desarrollo e innovación. Este autor postula que los estados con tecnologías y economías más sólidas, definidos como el centro, ejercen una presión considerable sobre la periferia para que esta mantenga sus fronteras abiertas al flujo de factores de producción beneficiosos para las empresas centrales, mientras resisten cualquier demanda de reciprocidad. Como señala Wallerstein (1991) en sus análisis sobre la economía capitalista mundial, esta dinámica constituye un sistema histórico dotado de ritmos cíclicos y tendencias seculares que encierran contradicciones internas, lo cual genera tensiones constantes por el control de posiciones monopolísticas en una estructura mediada por la mercantilización.
Esta configuración explica por qué las relaciones comerciales se fundamentan en la explotación de recursos naturales y en el aprovechamiento de la ubicación geográfica estratégica. Al respecto, Bruckmann (2012) subraya que los recursos naturales no son solo mercancías, sino el eje de la geopolítica contemporánea y factores determinantes en la disputa por el poder mundial. Cada nación se circunscribe a un área geográfica con una historia y cultura propias; bajo esta premisa, Wallerstein (2005) explica que una economía-mundo se define por la coexistencia de diversas culturas y grupos dentro de una misma estructura económica. Bajo esta lógica, la planificación estratégica demanda una organización rigurosa para navegar las dinámicas de un sistema unificado. Consecuentemente, la efectividad de dicha planificación reside en lo que Thierauf (1991) describe como la adecuación de la estructura organizacional a los planes establecidos, garantizando que la respuesta del Estado ante el sistema-mundo sea coherente con sus objetivos soberanos.
En este contexto complejo emerge el concepto de geopolítica, entendido por Padrino López (2022) como la ciencia que estudia la influencia de la geografía en la vida política de los pueblos y en la proyección de su poder. Mientras que Wallerstein (2005) describe la geopolítica como las manipulaciones de poder dentro del sistema interestatal, Agnew (2003) añade que la geopolítica moderna depende de la capacidad de visualizar el espacio global de manera jerarquizada, distinguiendo entre áreas avanzadas y periféricas. Debido a que el sistema tiende a la bifurcación y a oscilaciones bruscas ante las crisis, la geopolítica mundial no permanece estable, provocando la disolución de alianzas y la formación de nuevas estructuras de poder.
Definitivamente, las naciones buscan alcanzar una equipotencialidad, entendida desde la Teoría General de Sistemas como la capacidad de lograr objetivos comunes desde diversos puntos de partida (Bertalanffy, 1968), mediante alianzas estratégicas que permitan suplir debilidades con las fortalezas de otros actores. En esta búsqueda, la ubicación geográfica y los recursos estratégicos son consideraciones fundamentales para la seguridad y la defensa. Al respecto, bajo la doctrina de Seguridad Integral establecida en la Ley Orgánica de Seguridad de la Nación (2014), los recursos naturales y el desarrollo de capacidades innovadoras se consideran elementos constitutivos de la soberanía, vinculando indisolublemente el desarrollo nacional con la defensa del Estado. Bajo esta óptica, la soberanía se manifiesta como un intercambio basado en la realidad de facto del poder y la geocultura actúa como la superestructura de la economía mundial, representando el marco cultural dentro del cual opera y se legitima el sistema-mundo moderno.
Es así como el bloque BRICS, se ha transformado de una categoría de inversión en un bloque geopolítico que actúa como alternativa al G7. Desde la perspectiva de Wallerstein (2005), el análisis de este sistema debe dirigirse a complejizar y contextualizar todas las variables a fin de entender situaciones sociales reales. En este sentido, los BRICS no representan un sistema fuera del capitalismo, sino un esfuerzo de las naciones para mejorar su posición dentro de la economía-mundo capitalista, buscando transitar de procesos competitivos de bajos beneficios hacia procesos centrales protegidos por cuasimonopolios tecnológicos y financieros.
A partir del 1 de enero de 2024, el bloque inició una expansión estratégica con la suma de cinco países, lo que Wallerstein (1991) define como una maniobra dentro de los ritmos cíclicos del sistema para alterar las posiciones monopolísticas. Los Emiratos Árabes Unidos fortalecen la proyección de poder en el Mar Rojo y el Estrecho de Ormuz, mientras que Egipto proporciona el control sobre el Canal de Suez, elemento fundamental para el flujo comercial global. Arabia Saudita, como líder de la OPEP, asegura la estabilidad energética del bloque, y Etiopía representa la inserción en mercados emergentes estratégicos del cuerno de África. Finalmente, Irán suma la segunda reserva de gas más grande del mundo y un avanzado desarrollo tecnológico. Si bien existen contradicciones y rivalidades históricas entre estos actores, su convergencia en el bloque responde a una lógica de pragmatismo geoeconómico (Benzi y Du Bois, 2024). Esta incorporación masiva busca controlar nodos geográficos críticos y asegurar la soberanía sobre recursos que, en un sistema en bifurcación, resultan vitales para la defensa de los intereses colectivos del bloque.
Sin embargo, esta expansión evidencia que la planificación estratégica no es lineal. El caso de Argentina, que declinó su participación tras el cambio de administración a finales de 2023 bajo la presidencia de Javier Milei, demuestra cómo las tensiones entre el liberalismo y otras corrientes ideológicas pueden forzar un alineamiento con el centro del sistema-mundo, renunciando a la integración multipolar en favor de una percepción de seguridad nacional ligada al eje occidental.
Una característica definitoria de la economía-mundo es que comprende múltiples unidades políticas vagamente vinculadas en un sistema interestatal (Wallerstein, 2005). La estrategia del BRICS busca empoderar estas unidades mediante el impulso de un sistema financiero multipolar que reduzca la dependencia de la hegemonía del dólar, un objetivo reafirmado en la Declaración de Johannesburgo II (BRICS, 2023). Ejemplos de esta geocultura de resistencia son el uso de monedas locales en transacciones bilaterales y el desarrollo de plataformas como BRICS Pay, un sistema basado en tecnología blockchain orientado a fortalecer la autonomía financiera y reducir los costos de intermediación (Benzi y Du Bois, 2024; Vorotnikova, 2025).
Bajo este enfoque, el bloque prioriza la inclusión de líderes regionales con grandes poblaciones, el control de puntos estratégicos para el comercio internacional y la soberanía sobre recursos como petróleo, gas, minerales y alimentos. Estos propósitos, formalizados en la Declaración de Johannesburgo II (BRICS, 2023), buscan promover prácticas comerciales más justas, proporcionar transferencia de tecnología y fortalecer las articulaciones para la defensa de intereses comunes en el marco de la cooperación Sur-Sur.
La experiencia histórica sugiere que la seguridad colectiva debe complementarse con la capacidad propia de disuasión. Mientras que los estados fuertes presionan a los débiles para instalar líderes aceptables (Wallerstein, 2005), casos como el de Corea del Norte ofrecen una lección pragmática en la cual, dentro de un orden internacional que Wallerstein describe como una constante lucha de poder, la soberanía real depende de la capacidad técnica y militar para imponer un costo inasumible a la intervención externa. Bajo esta premisa, la seguridad colectiva se percibe como un apoyo, pero no como el único pilar de la integridad nacional. Dado que el bloque ha iniciado una fase de expansión hacia nuevas economías emergentes, la potencial inclusión de Venezuela no solo promete beneficios en las esferas económica y tecnológica, sino que representa una oportunidad para redefinir su posición en la división axial del trabajo, transitando de la exportación de materias primas hacia procesos de mayor valor agregado. Este movimiento es un factor decisivo para mitigar efectos adversos en las relaciones políticas y fortalecer el desarrollo integral de la nación ante las oscilaciones del sistema interestatal.
A la luz de estas consideraciones, el objetivo general de la investigación fue analizar las visiones estratégicas de seguridad, defensa, desarrollo e innovación de Venezuela ante una eventual adhesión al bloque BRICS, fundamentando dicho análisis en la teoría del sistema mundo para identificar los desafíos y oportunidades que emergen del discurso especializado en el contexto de la nueva arquitectura global multipolar.
Metodología
La investigación presentada se clasificó como cualitativa, no experimental y de campo, con un alcance descriptivo – sistematizador. En este estudio, no se extrajo una muestra de una población general, sino que se trabajó con la totalidad de los productos generados en la Jornada “Generación de escenarios prospectivos relacionados con los recursos estratégicos vinculados con los BRICS”, efectuada en la Universidad Nacional Experimental Politécnica de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (UNEFA) en Caracas, el 26 de noviembre de 2024.
Para la definición de las unidades de análisis, se establecieron los siguientes criterios de inclusión:
- Participación presencial o virtual en la jornada.
- Generación de un informe técnico resultante de la jornada con dos escenarios: positivo y negativo.
- Entrega del análisis Políticos, Económicos, Sociales, Tecnológicos, Ecológicos, Legales (PESTEL).
- Entrega del análisis Fortalezas, Oportunidades, Debilidades y Amenazas (FODA).
- Entrega de los informes técnicos y los análisis PESTEL y FODA en un plazo no mayor a ocho días posteriores a la jornada.
Bajo estas premisas, la investigación contó con la participación de 36 informantes. Al respecto, Bonilla-Castro y Rodríguez Sehk (2005) sostuvieron que, en este tipo de estudios, el rigor no dependió de la representatividad estadística, sino de la representatividad cultural, la cual buscó captar la profundidad de los significados compartidos por el grupo social.
La información se recolectó a través de informes técnicos, herramientas PESTEL y FODA elaboradas por los informantes. Para fortalecer la validez de los resultados, se aplicó una triangulación de instrumentos y fuentes, entendida como el proceso de variar las técnicas de recolección para facilitar la corroboración estructural (Martínez, 2006). Este procedimiento permitió acudir a diversas formas de expresión de los participantes (matrices y narrativa técnica) para ratificar la información obtenida y propiciar la validez de criterio (Hurtado de Barrera, 2010).
Para el tratamiento de los datos, se realizó la interpretación de los documentos generados por los informantes mediante técnicas cualitativas inspiradas en la teoría fundamentada. Este enfoque permitió el proceso de codificación de la información y el establecimiento de categorías emergentes a partir de los datos, siguiendo lo propuesto por Hernández et al. (2011). Específicamente, se aplicó la codificación abierta, descrita por Strauss y Corbin (2002) como el proceso analítico para identificar conceptos y descubrir sus propiedades. Durante el análisis, se realizó una comparación constante entre las categorías hasta alcanzar la saturación teórica, punto donde no emergieron nuevas propiedades, dimensiones o relaciones durante el análisis (Strauss y Corbin, 2002).
El procesamiento se ejecutó con el software Atlas.ti V.25, mediante el cual se obtuvieron códigos denominados “indicios de estudio” y grupos de códigos identificados como “categorías naturales”. Estos resultados generaron reportes en matrices que expresaron la frecuencia de aparición de códigos, permitiendo calcular los porcentajes de contribución de cada categoría al fenómeno estudiado.
Resultados y Hallazgos
Tras el procesamiento de los datos en el software Atlas.ti V.25, se identificaron 76 unidades de análisis (indicios) que permitieron la emergencia de cuatro categorías centrales. A continuación, se discuten estos hallazgos contrastándolos con la literatura científica contemporánea y los fundamentos de la seguridad integral.
Mediante el proceso de codificación, definido como el procedimiento por el cual el investigador asigna símbolos a cada categoría empleada para clasificar la información (Hurtado de Barrera 2010), emergieron los “indicios de estudio”. Este paso fundamental permitió una primera aproximación a las expresiones recolectadas por los informantes. Del estudio, surgieron 76 indicios distribuidos en diversas temáticas estratégicas, los cuales se ordenaron de mayor a menor según su frecuencia y porcentaje, destacándose aquellos indicios que ejercieron un mayor peso en el estudio. En el cuadro 1, se mencionaron los indicios más significativos detectados en la fase de codificación abierta.
Cuadro 1
Indicios de estudio más significativos identificados en la fase de codificación abierta durante Jornada “Generación de escenarios prospectivos relacionados con los recursos estratégicos vinculados con los BRICS”, UNEFA.
| N° | Indicios | Frecuencia | Porcentaje |
| 1 | Venezuela | 180 | 11,69 |
| 2 | Economía | 152 | 9,87 |
| 3 | BRICS | 148 | 9,61 |
| 4 | Políticos | 88 | 5,71 |
| 5 | Internacional | 60 | 3,90 |
| 6 | Sanciones | 44 | 2,86 |
| 7 | Geopolítica | 41 | 2,66 |
| 8 | Mercado | 39 | 2,53 |
| 9 | Estados Unidos | 38 | 2,47 |
| 10 | Cooperación | 37 | 2,40 |
| 11 | Tensiones | 36 | 2,34 |
| 12 | Energía | 36 | 2,34 |
| … | …… | … | … |
| Total | 1540 | 100 | |
Categorías naturales y su relevancia para la seguridad, defensa, desarrollo e innovación
Al concluir el proceso de identificación, se procedió a la estructuración de las categorías. Considerando las particularidades, similitudes, relaciones, características, tipologías y afinidades de los indicios previamente detectados, se agruparon en cuatro categorías que revelaron la naturaleza de la visión prospectiva en los ámbitos económico y político de Venezuela ante el BRICS. Esta categorización se realizó con un énfasis en la línea estratégica de Seguridad, Defensa, Desarrollo e Innovación, lo cual constituyó el eje transversal de la presente investigación.
La emergencia de las cuatro categorías naturales estableció el esquema para obtener una visión prospectiva multidimensional, configurándose como un agregado de elementos interconectados con interacciones, relaciones, sinergias y complejidades. Este entramado analítico permitió comprender la dinámica variante que vincula al bloque BRICS con lo económico, lo político y la contrariedad, todo inmerso en una dinámica variante que afectó directamente la Seguridad, Defensa, Desarrollo e Innovación. A continuación, se presentan en el Cuadro 2.
Cuadro 2
Categorías naturales para la visión de prospectiva de Venezuela ante los BRICS.
| Categorías | Frecuencia | Porcentaje |
| BRICS | 541 | 35,13 |
| Económico | 459 | 29,81 |
| Político | 324 | 21,04 |
| Contrariedad | 216 | 14,03 |
| Total | 1540 | 100 |
Categoría: BRICS y la reconfiguración geopolítica
Esta categoría representa la mayor contribución del estudio con un 35,13% de las unidades de análisis. Los hallazgos revelan que, a pesar de no ser un miembro pleno, existe una percepción fundamentada en los productos analizados, específicamente en las matrices PESTEL, FODA y los informes técnicos, sobre el apoyo de los países participantes en la cumbre de Rusia de octubre de 2024 para formalizar el ingreso de Venezuela. Este fenómeno se alinea con lo planteado por Vorotnikova (2025), quien sostiene que la expansión de los BRICS funciona como un prisma que permite a los países de América Latina interactuar con socios estratégicos en un espacio de beneficio mutuo, rompiendo con la hegemonía tradicional del sistema-mundo.
La investigación sugiere que, desde la visión prospectiva de los sujetos de estudio plasmada en los informes técnicos, la inclusión en el bloque podría restablecer la legitimidad diplomática nacional tras años de aislamiento y fortalecer la seguridad internacional. Al respecto, Domínguez Martín et al. (2024) explican que la Cooperación Sur-Sur actúa como un mecanismo amortiguador frente a la policrisis global, entendida según la conceptualización de Lawrence, Janzwood y Homer (2022) como la interacción de crisis en múltiples sistemas globales que se enredan causalmente. Esta dinámica genera impactos más graves que la suma de sus partes y agota de forma simultánea las capacidades de los estados nacionales. En este escenario, factores como la posición geográfica y la abundancia de recursos estratégicos, entre los que destacan el coltán, el litio y las tierras raras, emergen en el discurso de los informantes como elementos que confieren al país un papel valioso en la producción tecnológica a largo plazo.
En este contexto, la importancia estratégica de Venezuela ha experimentado una transición conceptual relevante según la percepción de las unidades de estudio. Los hallazgos indican una transformación del estatus de amenaza inusual hacia una percepción de actor clave en la seguridad estratégica y la innovación, un cambio que Fernández (2024) vincula con la necesidad de nuevos polos de poder. Esta evolución puede comprenderse bajo la tesis del blindaje defensivo de Calderale Savalli (2025), definido como la consolidación de alianzas con potencias emergentes para generar resiliencia soberana ante presiones externas mediante la diversificación de dependencias. Así, el rol de aliados como Rusia y China trasciende la cooperación tradicional para asegurar la integridad del Estado en un entorno global hostil.
Finalmente, los resultados derivados de los discursos y ponencias de los participantes en la jornada advierten que, si bien la adhesión permitiría diversificar las relaciones comerciales con países no tradicionales, persisten limitaciones estructurales que deben ser abordadas desde un análisis multifactorial. Los datos obtenidos mediante la triangulación de instrumentos señalan que, mientras no se logre una participación plena o se superen los cuellos de botella en la infraestructura productiva, la dependencia del dólar seguirá condicionando la seguridad económica nacional. No obstante, en el discurso analizado, la potencial participación de Venezuela en la mediación de conflictos y su inserción en este orden multipolar la posicionan como un actor relevante en la arquitectura de seguridad global emergente, una dinámica que, según la prospectiva de los informantes, abre paso a nuevos desafíos en materia de innovación financiera y gobernabilidad.
Categoría: dimensión económica y soberanía financiera
Esta categoría representa el 29,81% de los hallazgos. Los datos indican que la inclusión en los BRICS se percibe como una oportunidad estratégica para apalancar las reservas de recursos naturales. Según el discurso de los participantes, esta adhesión permitiría diversificar la economía y mejorar la posición geopolítica del país, basándose en lo que Vorotnikova (2025) define como un prisma de interacción comercial de beneficio mutuo.
Un hallazgo fundamental es la expectativa de acceder a financiamiento a través del Nuevo Banco de Desarrollo (NBD) para proyectos de infraestructura. Si bien la viabilidad de estos recursos está sujeta a las dinámicas del sistema financiero internacional, la perspectiva de los informantes se alinea con la tesis de Álvarez (2016) sobre la urgencia de establecer modalidades de crédito desvinculadas de las condicionalidades del eje occidental. En este sentido, el acceso al NBD se proyecta como una alternativa de financiamiento soberano necesaria para mitigar el impacto de las medidas coercitivas unilaterales.
Por otro lado, la cooperación con el bloque es vista como un catalizador para la diversificación en agricultura y tecnología, debido a que el intercambio con las economías emergentes facilita el acceso a paquetes tecnológicos de bajo costo, la transferencia de conocimientos en biotecnología aplicada al agro y la apertura de canales comerciales que no dependen de los circuitos tradicionales de financiamiento occidental. Sin embargo, los hallazgos también revelan que la policrisis global (Domínguez Martín et al., 2024; Lawrence et al., 2022) y la incertidumbre política interna se identifican como factores que desincentivan la inversión. En este sentido, los informantes reconocen que para lograr una estabilidad real se deben trascender los nexos ideológicos coyunturales y fortalecer la transparencia institucional. Este hallazgo coincide con la advertencia de Fernández-Guillén (2024), quien sostiene que las políticas de integración basadas exclusivamente en la renta petrolera tienden a ser efímeras; por lo tanto, la seguridad económica nacional depende de la capacidad del Estado para trascender el modelo extractivista hacia uno de desarrollo integral y diversificado.
Las alianzas estratégicas con naciones como Rusia y China son percibidas en los informes técnicos como fundamentales para contrarrestar la influencia estadounidense y fomentar un desarrollo más sostenible. Según la triangulación de los datos obtenidos, esta dinámica permitiría evolucionar hacia un esquema de blindaje ante presiones externas (Calderale Savalli, 2025), donde la cooperación científico-técnica fortalece la autonomía nacional. En este sentido, los participantes del estudio proyectan que la inclusión en los BRICS facilitaría inversiones significativas en infraestructura y desarrollo social, permitiendo el acceso a nuevos mercados y tecnologías mediante la colaboración en investigación y desarrollo. Sin embargo, para que estas proyecciones alcancen un escenario de viabilidad, los hallazgos señalan la necesidad de implementar reformas que promuevan la transparencia, la gobernanza y la estabilidad política.
Desde una perspectiva prospectiva, estas reformas no solo se plantean como requisitos administrativos, sino como factores críticos para garantizar la seguridad jurídica necesaria que proteja las inversiones conjuntas ante posibles cambios en el entorno internacional, una postura que coincide con el planteamiento de Vorotnikova (2025) sobre la necesidad de marcos institucionales robustos para el éxito de la integración económica. De acuerdo con las unidades de análisis consultadas, este fortalecimiento institucional permitiría que el flujo de capitales y tecnología desde el bloque se traduzca en una estabilidad real, minimizando los riesgos de incertidumbre que, tal como sostienen Benzi y Du Bois (2024), suelen condicionar el éxito de la cooperación financiera en contextos de policrisis.
A través de acuerdos comerciales con los países miembros, los hallazgos sugieren que Venezuela podría impulsar sus exportaciones utilizando mecanismos como el BRICS Bridge para ejecutar transacciones en monedas locales. Si bien el pago de la deuda externa y parte de las importaciones se mantienen referenciadas en dólares, el corpus documental analizado indica que el uso de plataformas alternativas se percibe como una necesidad para garantizar la continuidad operativa del comercio exterior. En este sentido, la conveniencia de exportar sin recibir divisas estadounidenses no radica en una sustitución monetaria total, sino en la capacidad de evadir el bloqueo de los circuitos financieros convencionales, permitiendo el flujo de recursos que, de otro modo, quedarían inmovilizados. Esta estrategia se alinea con la búsqueda de autonomía en la órbita del Sur Global (Vorotnikova, 2025), respondiendo a la erosión de las garantías del sistema financiero tradicional (Agnew, 2019) y a la necesidad de construir una arquitectura de integración regional que proteja la soberanía económica frente al capital transnacional (Bruckmann, 2012).
Sin embargo, la evidencia recolectada advierte que esta autonomía financiera no es suficiente por sí misma si persisten la inestabilidad política interna y la dependencia histórica del petróleo. La falta de acceso a financiamiento tradicional y las presiones diplomáticas restringen las relaciones comerciales, evidenciando que la integración no debe apoyarse en bases efímeras como la renta petrolera (Fernández-Guillén, 2024). Al respecto, se concluye que la estabilidad real y la recuperación económica requieren trascender el modelo extractivista, pues una inserción soberana en el bloque BRICS solo será efectiva si se logra una estructura productiva diversificada y resiliente.
A pesar de las limitaciones estructurales identificadas, el análisis de los resultados indica que la desdolarización y la búsqueda de relaciones comerciales con socios no tradicionales se proyectan como catalizadores estratégicos para el desarrollo de infraestructura y la mejora de la calidad de vida. Es fundamental precisar que la ventaja de transar en monedas locales no reside en su liquidez universal, sino en la apertura de canales de importación directa para bienes de capital y tecnología, lo cual reduce la exposición a las restricciones de pago en los circuitos financieros convencionales. En este sentido, la inserción en el bloque facilitaría el acceso a arquitecturas de asistencia técnica y contingencia, como las del NBD, que ofrecen un marco de cooperación multilateral superior al alcance de los acuerdos bilaterales tradicionales. Esta búsqueda de alternativas responde a la necesidad de superar la vulnerabilidad que impone la hegemonía del sistema financiero tradicional (Agnew, 2019), permitiendo a las naciones del Sur Global acceder a un modelo de industrialización sustentable que reduzca su dependencia histórica de los centros de poder económico (Estenssoro, 2023)
No obstante, la persistente presión internacional y los indicadores inflacionarios mantienen al país en una situación de vulnerabilidad sistémica que requiere un entorno político más estable. Como advierten Domínguez Martín et al. (2024), en un contexto de policrisis, la falta de una integración efectiva puede exacerbar las tensiones internas, representando un desafío crítico para la seguridad integral del Estado. En este sentido, los hallazgos subrayan que la persistencia de estos conflictos podría desalentar la inversión extranjera y profundizar las asimetrías sociales y económicas en el país. Esta realidad, según Fernández-Guillén (2024), refuerza la necesidad de trascender los nexos ideológicos coyunturales para lograr una estabilidad real, permitiendo que la inserción en el bloque BRICS funcione como un verdadero pilar de seguridad y desarrollo.
Categoría: dimensión política
Esta categoría representa un 21,04% de las contribuciones. Los hallazgos indican que la posible adhesión de Venezuela al bloque BRICS se percibe como una oportunidad estratégica para diversificar la economía y fortalecer la posición geopolítica nacional. Esta visión coincide con lo expuesto por Vorotnikova (2025), quien sostiene que la expansión del bloque permite a los Estados interactuar bajo un prisma de beneficio mutuo que desafía la hegemonía tradicional. En este sentido, el establecimiento de alianzas con China y Rusia se proyecta como un facilitador de la cooperación en energía, tecnología e infraestructura; una dinámica que Calderale Savalli (2025) interpreta como una evolución hacia estructuras de blindaje ante presiones externas.
Dicha cooperación posicionaría al país como un conector entre América Latina y las economías emergentes de Asia y África, dinamizando los mecanismos de la Cooperación Sur-Sur como eje de la política exterior. Desde una perspectiva rigurosa, la dependencia de la seguridad multidimensional respecto a estas economías no es valorativa, sino estructural: el acceso a mercados no tradicionales y a tecnologías críticas de socios emergentes permite mitigar la asfixia financiera de los circuitos occidentales, actuando como un mecanismo amortiguador frente a la policrisis global (Domínguez Martín et al., 2024; Lawrence et al., 2022). No obstante, los datos advierten sobre riesgos como la posible pérdida de autonomía en la toma de decisiones y la intensificación de sanciones.
Este escenario de vulnerabilidad se ve agravado por la actual exclusión del bloque tras el veto de Brasil. Esta situación incrementa el aislamiento diplomático y restringe la participación en foros de decisión estratégica. Si bien el Estado mantiene su presencia en calidad de invitado, los hallazgos sugieren que esta condición limita la capacidad de negociación global y el acceso pleno a los mecanismos de financiamiento del bloque. Para los informantes, este aislamiento dificulta el impulso de sectores como la agricultura y la manufactura tecnológica, evidenciando que la integración requiere de hechos concretos y no solo de afinidades ideológicas coyunturales (Fernández-Guillén, 2024).
Internamente, el éxito de esta inserción internacional depende de la gobernabilidad, entendida aquí como la capacidad institucional del Estado para procesar demandas sociales y ejecutar políticas públicas eficaces en un entorno de presiones externas. Las tensiones políticas identificadas en el diagnóstico podrían afectar la seguridad nacional si el gobierno enfrenta obstáculos para implementar las reformas estructurales necesarias. Al respecto, Fernández-Guillén (2024) advierte que la estabilidad de estos procesos requiere trascender los nexos político-ideológicos coyunturales y fortalecer la transparencia institucional. A pesar de los desafíos identificados, los hallazgos sugieren que la adhesión formal actuaría como un factor de reconocimiento diplomático en el escenario internacional, fortaleciendo la narrativa de un orden multipolar. Desde la perspectiva de los informantes, este proceso permitiría consolidar el papel estratégico de Venezuela en la geopolítica global, al utilizar la plataforma del bloque para abordar debilidades estructurales mediante la cooperación técnica. Esta visión coincide con el planteamiento de Vorotnikova (2025) sobre el papel de los BRICS como un prisma de inserción soberana, donde la legitimidad no emana de la aprobación de centros de poder tradicionales, sino de una participación activa y vinculante en la arquitectura del Sur Global que favorezca la estabilidad política y económica interna.
En este marco, la búsqueda de autonomía dentro de la órbita del Sur Global se alinea con el planteamiento de Vorotnikova (2025), al ofrecer la posibilidad de mejorar la defensa soberana mediante el contrapeso a las presiones de actores tradicionales. Para mitigar posibles reacciones adversas en el escenario internacional, los hallazgos subrayan la necesidad de desarrollar estrategias proactivas en diplomacia y comunicación institucional. No obstante, tal como advierten Domínguez Martín et al. (2024), si las expectativas de cooperación no se traducen en beneficios tangibles para la población, podrían generarse tensiones internas que comprometan la estabilidad de la gobernanza y la cohesión del Estado.
Categoría: contrariedad
Esta categoría presenta una contribución del 14,03%. Los hallazgos describen una situación caracterizada por la incertidumbre prospectiva debido al aislamiento geopolítico y la inestabilidad macroeconómica, elementos que los informantes identifican como desafíos directos para la seguridad nacional. Si bien existe una narrativa institucional sobre la transición hacia sectores como la agricultura y la manufactura tecnológica, la evidencia recolectada sugiere que este impulso hacia la innovación productiva aún enfrenta obstáculos estructurales para materializarse en indicadores de crecimiento sostenido frente al PIB. Al respecto, Fernández-Guillén (2024) señala que las políticas de integración que se apoyan sobre bases efímeras y nexos ideológicos coyunturales tienden a la fragilidad, lo que refuerza la necesidad de una transformación real del modelo extractivista para garantizar la viabilidad de la seguridad económica.
Un hallazgo crítico reside en la identificación de una fractura sistémica en el eje Brasil-Venezuela a partir del segundo semestre de 2024. Los datos revelan que esta tensión no es solo diplomática, sino que actúa como un determinante para la arquitectura regional de los BRICS. La exigencia de transparencia institucional y la posterior postura de Brasil frente a la incorporación de Venezuela han generado un distanciamiento que es analizado por Vorotnikova (2025), quien destaca que la expansión del bloque está sujeta a consensos donde los intereses nacionales y la estabilidad regional de los miembros fundadores operan como barreras de acceso. Eventos documentados, como las desavenencias en la representación de intereses consulares y el retiro de misiones diplomáticas, incrementan la fricción bilateral. Según Benzi y Du-Bois (2024), este enfriamiento de la cooperación regional y la fragmentación de los esquemas de integración posliberales generan una parálisis estratégica que compromete la seguridad de las alianzas y debilita la posición negociadora del país frente a otros bloques y potencias globales.
Por otro lado, los hallazgos sugieren que la postura de Brasilia también se ve influenciada por un entorno de presión internacional multidimensional. Más que una subordinación lineal a la política exterior estadounidense, los datos indican una convergencia de tensiones donde las sanciones y las expectativas de los mercados financieros occidentales limitan el margen de maniobra de los socios regionales, restringiendo las oportunidades de integración de Venezuela. Esta dinámica se explica porque, como sostiene Agnew (2019), la hegemonía contemporánea opera a través de redes de gobernanza financiera que castigan la desviación de los flujos de capital globales, creando un disciplinamiento que condiciona las decisiones soberanas. Asimismo, esta situación refleja lo planteado por Estenssoro (2023), quien advierte que la falta de una integración regional robusta profundiza la subordinación de los países latinoamericanos ante las estrategias de las grandes potencias, limitando su capacidad para actuar como un bloque autónomo en el sistema-mundo. Este escenario de aislamiento restringe la cooperación con aliados vecinales, haciendo que la búsqueda de alternativas financieras sea un imperativo de seguridad. Al respecto, Calderale Savalli (2025) explica que el rol de las potencias aliadas ha evolucionado hacia un esquema de “blindaje”, donde la colaboración con Rusia y China se vuelve fundamental para contrarrestar el impacto de las medidas coercitivas que restringen el acceso a mercados internacionales.
Finalmente, la exclusión del bloque podría profundizar el aislamiento comercial, dificultando la atracción de inversiones extranjeras directas. A pesar de la importancia estratégica de los aliados extra-regionales, los datos subrayan que la dependencia de mercados específicos sigue siendo un desafío estructural. Por tanto, el diseño de políticas que diversifiquen los nexos comerciales se presenta, en concordancia con la tesis de la policrisis de Domínguez Martín et al. (2024), como la estrategia necesaria para reducir la vulnerabilidad y garantizar el desarrollo sostenible a largo plazo.
Aproximaciones
A la luz de los hallazgos obtenidos y contextualizados los resultados frente a las diversas corrientes del pensamiento geopolítico, se concluye que Venezuela posee ventajas comparativas de carácter estructural que facilitan su proyección hacia el bloque. Sus reservas probadas de hidrocarburos y la dotación de minerales de alta demanda tecnológica le confieren una posición fundamental para la seguridad energética dentro de la nueva arquitectura multipolar. No obstante, la investigación revela que esta ubicación geográfica constituye una encrucijada geopolítica. Si bien ofrece una fachada caribeña y atlántica para el comercio Sur-Sur, su proximidad al centro de poder tradicional en Estados Unidos impone un desafío de seguridad donde la transición hacia el bloque es interpretada como una amenaza a la hegemonía del dólar, generando presiones y sanciones unilaterales que condicionan la soberanía plena del Estado.
La incorporación al bloque plantea una reconfiguración del mapa energético mundial. Sin embargo, para que esta integración sea efectiva, la evidencia recolectada sugiere que el Estado debe trascender la dependencia histórica de la renta petrolera, la cual es identificada en este análisis como una vulnerabilidad geoeconómica que limita la autonomía interna ante la volatilidad de los mercados. En consecuencia, el éxito de la inserción nacional queda supeditado a una transformación estructural del modelo extractivista hacia una innovación productiva real, capaz de generar valor agregado. En este punto, los hallazgos permiten identificar riesgos de primarización que deben ser gestionados para evitar que la inserción en el bloque resulte en una nueva forma de subordinación hacia las potencias emergentes, lo cual exige fortalecer la seguridad jurídica y la transparencia institucional.
Desde la perspectiva de la seguridad estratégica, las alianzas con Rusia y China bajo la premisa del blindaje institucional deben gestionarse con una visión de equipotencialidad. Los datos indican que la soberanía en un sistema mundo multilateral no es una condición automática, sino una capacidad que se construye mediante la autonomía financiera. Mecanismos como el BRICS Bridge son pasos fundamentales hacia este objetivo, pero su eficacia está supeditada a la dimensión política y al poder coercitivo global que define el orden actual. La fractura reciente en el consenso regional evidencia que la viabilidad de estos cambios no depende solo de la posesión de recursos, sino de la capacidad de superar el aislamiento diplomático mediante una diplomacia proactiva que mitigue el impacto de las presiones externas.
Finalmente, la adhesión de Venezuela funcionará como un prisma de legitimación internacional solo si el país logra articular sus fortalezas internas con las exigencias de gobernanza del bloque. El análisis de la información recolectada permite diferenciar la retórica integracionista de las capacidades competitivas reales presentes en el escenario actual. El desarrollo integral y la resiliencia soberana frente a la policrisis global y las dinámicas cambiantes del sistema mundo dependen de la capacidad de navegación en este nuevo orden. Ante los posibles giros en la política exterior, la estrategia multipolar se presenta no como una opción ideológica, sino como una necesidad de supervivencia ante la asfixia financiera del orden tradicional.
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