Por: Melkin Garzón Haad y Francy Rios – Colombia
La ciencia siempre ha sido una ventana abierta a la imaginación, una puerta hacia la posibilidad de convertir lo soñado en realidad. Desde pequeños, muchos niños han imaginado ser astronautas, pilotos, matemáticos o deportistas, inspirados por figuras, entidades o historias que han marcado su infancia. Al llegar a la secundaria, estos jóvenes proyectan su futuro con la ilusión de pertenecer a esas instituciones que alimentaron sus sueños y expectativas a través del conocimiento y la exploración científica. Sin embargo, en muchos casos, estos sueños se ven interrumpidos por barreras reales: la falta de información sobre convocatorias, la ausencia de programas académicos específicos en las universidades locales o nacionales, o la inversión económica que, en ocasiones, resulta excesiva. Esto provoca que organizaciones como la NASA parezcan inalcanzables, lejanas y reservadas para unos pocos privilegiados.

Para reducir esa distancia y acercar la ciencia a todos, la NASA impulsa el International Space Apps Challenge, un programa global de innovación y colaboración que busca soluciones creativas a desafíos relacionados con la Tierra y el espacio. Nacido en 2012, este evento ha crecido hasta convertirse en la mayor hackatón del mundo, presente en más de 185 países y con decenas de miles de participantes cada año. En esta iniciativa, los equipos —de 4 a 6 integrantes— seleccionan uno de los 32 desafíos propuestos por la NASA, que abarcan desde la ingeniería espacial y el análisis de datos satelitales, hasta la creación de experiencias artísticas, propuestas educativas o modelos de desarrollo sostenible. El formato es de hackatón: un reto que debe ser resuelto en 48 horas con ingenio, trabajo en equipo y pasión por el conocimiento. La diversidad de áreas hace que personas de cualquier edad, género o lugar de origen puedan participar, sin necesidad de ser expertos en ciencias puras.

Colombia ha sido parte de esta experiencia internacional con sedes en varias ciudades, y actualmente cuenta con dos puntos locales en Cundinamarca: Chía y Facatativá. Estos escenarios ofrecen una modalidad híbrida, que permite la participación presencial en Facatativá o virtual desde cualquier lugar. Los organizadores han creado premios para cuatro categorías: primera infancia, primaria, secundaria y universitaria, buscando incentivar el talento desde edades tempranas. Su meta:
Posicionarse como uno de los eventos con mayor participación en el país.

La organización en Colombia está liderada por la Fundación Ceres, representada por Melkin Garzon y Francy Ríos, y el Colegio Empresarial Los Andes, dirigido por Andrés Rosero. Para ellos, este no es solo un concurso, sino una oportunidad para que los jóvenes se reconecten con la ciencia, la innovación y el trabajo colaborativo. Uno de los aspectos más distintivos del Nasa International Space Apps Challenge Chía y Facatativá 2025 es que no se limita a la competencia. Durante el evento, se ofrecerá una muestra científica interactiva con talleres, conferencias y exhibiciones diseñadas para que tanto los participantes como sus familias puedan explorar nuevas áreas del conocimiento. Desde observación astronómica y experimentos de física, hasta charlas sobre inteligencia artificial y cambio climático, la experiencia está pensada para despertar la curiosidad en todas las edades.

El evento, que se desarrollará el 4 y 5 de octubre de 2025, cuenta con el respaldo de instituciones públicas y privadas comprometidas con la formación científica de las nuevas generaciones. Entre ellas se encuentran universidades, empresas tecnológicas, observatorios y grupos de investigación que han apostado por hacer de Cundinamarca un referente nacional en ciencia y tecnología. En palabras de sus organizadores, el Space Apps Challenge no solo busca encontrar soluciones a problemas reales, sino también inspirar a los participantes para que vean la ciencia como una herramienta de cambio.
Queremos que los jóvenes se den cuenta de que la NASA no está tan lejos como creen, que ellos también pueden ser parte de un proyecto global y que su voz, sus ideas y su talento son valiosos para el mundo entero.
Más que una hackatón, este es un llamado a soñar en grande, a trabajar en equipo y a entender que la ciencia no tiene fronteras.

