Por: Karen Payares, Skarleth Olivella, Jean Franko Arroyo, Jenny García González, Luis Carlos Tapia y Laura Ospina / Adscripción: Semillero Metales Pesados. Programa Ingeniería Geológica. Fundación Universitaria del Areandina – Sede Valledupar, Colombia / Instagram: @geoaventure_
La prevención que Colombia sigue postergando
No fue solo la lluvia.
No fue solo el río.
Fue también la ausencia de una lectura técnica del territorio.
Las recientes inundaciones en el departamento de Córdoba dejaron una tragedia de 14 muertos, viviendas destruidas, cultivos perdidos y familias desplazadas. Exponiendo una vez más, la fragilidad de la planificación territorial cuando no incorpora de manera estructural el conocimiento geocientífico.
Más de 150.000 cordobeses resultaron damnificados. Veinticuatro de los treinta municipios del departamento, cerca del 80 % del territorio fueron afectados por lluvias intensas asociadas a un frente frío atípico, acompañado de fuertes vientos provenientes de Norteamérica. El desbordamiento de los ríos Sinú y San Jorge generó pérdidas humanas, daños materiales y una crisis social que hoy golpea profundamente al territorio.
Pero la pregunta de fondo es inevitable: ¿Estamos frente a un efecto natural o frente a una falla en la gestión del riesgo?


Los eventos hidrometeorológicos extremos forman parte de la dinámica climática del planeta. Su intensificación en escenarios de cambio climático ha sido ampliamente documentada. Sin embargo, lo que convierte un fenómeno natural en catástrofe no es su ocurrencia, sino la vulnerabilidad acumulada sobre el territorio.
Construcciones y expansiones urbanas que no respetan los límites de las zonas de exclusión o rondas hídricas. Sistemas de drenaje insuficientes y decisiones de ordenamiento desarticuladas de la dinámica fluvial, crean escenarios donde el riesgo deja de ser potencial y se vuelve inevitable. Cuando el embalse de Urrá, ubicado en el sur del departamento de Córdoba, superó sus niveles normales debido a las lluvias extraordinarias, fue necesario aumentar las descargas para proteger la estabilidad de la infraestructura. El agua siguió su curso natural por el río Sinú. El problema no fue que el río ocupará su espacio histórico, el problema fue que ese espacio ya estaba habitado.


Ordenar sin geociencia es planificar a ciegas
Instrumentos como los Planes de Ordenamiento Territorial (POT), Planes de Ordenación y manejo de Cuencas Hidrográficas (POMCAS), planes de manejo ambiental y planes de emergencia, deberían ser la primera línea de prevención frente a estos escenarios, tanto de las instituciones nacionales como privadas
Pero cuando estos instrumentos no integran de manera robusta:
- Cartografía de amenaza por inundación
- Modelación hidráulica de cuencas
- Estudios geomorfológicos y de suelos
- Escenarios de variabilidad y cambio climático
El ordenamiento se construye sobre supuestos y no sobre evidencia. Planificar sin geociencia es, en términos prácticos, planificar a ciegas.
Planeación con bases solidas
La emergencia en Córdoba reactiva una discusión necesaria: la limitada presencia de geocientíficos en los equipos técnicos territoriales. Contar con un geólogo por municipio no es una aspiración gremial; es una necesidad estratégica.
El geólogo municipal podría:
- Fortalecer técnicamente los POT y POMCAS
- Identificar zonas no urbanizables
- Evaluar riesgos asociados a infraestructura
- Diseñar medidas de mitigación adaptadas al medio físico
- Implementar modelamientos que proyecten escenarios antes y después de eventos extremos
- Traducir información científica en decisiones administrativas
Hoy contamos con herramientas de modelación que permiten proyectar escenarios complejos donde se unen variables críticas: operación de embalses, incremento de lluvias extremas, respuesta de cuencas ante descargas extraordinarias e impactos acumulativos aguas abajo.
Estos modelos no solo describen el territorio: entrenan futuros posibles.
Anticipar no es alarmar, es proteger.
El conocimiento que falta en la mesa de decisiones
Colombia es un país atravesado por montañas jóvenes, cuencas activas y climas extremos. Pretender planificar su desarrollo sin integrar de manera estructural las geociencias en la toma de decisiones es, en sí mismo, dejar la puerta abierta a los desastres y tragedias.
Las inundaciones, los deslizamientos y otros eventos no distinguen ni preguntan. Simplemente suceden. Lo que sí depende de nosotros es cómo ocupamos y gestionamos el territorio. La discusión no debería centrarse en si podemos permitirnos tener geocientíficos en los equipos territoriales.
La pregunta real es otra:
¿Podemos seguir permitiéndonos no tenerlos?
Porque cuando el agua baja, los titulares desaparecen. Pero las decisiones que no se tomaron permanecen bajo el barro.

Laura, la mejor redactando, mi ingeniera de confianza
Gran trabajo.
La profundidad, los argumentos y la mirada crítica del texto, enriquecen el debate que enfrentamos actualmente por la mencionada inundación de Córdoba
Gran publicación!