Eventos científicos: desafíos en la divulgación y participación pública

Por: Melkin Garzón Haad y Francy Ríos López  – Colombia

 

Los eventos científicos constituyen espacios fundamentales de formación, interacción y acercamiento al conocimiento para la comunidad en general. Dependiendo de su enfoque y del público al que se dirigen, estas iniciativas cumplen un propósito común: la difusión de la ciencia. Desde diversas disciplinas y perspectivas, su objetivo principal es comunicar, discutir y divulgar los avances científicos a audiencias interesadas en estos escenarios de apropiación social del conocimiento.

En términos generales, los eventos científicos pueden clasificarse según su público objetivo y su propósito. En primer lugar, se encuentran los eventos abiertos, dirigidos a audiencias no especializadas, cuyo objetivo es despertar el interés por la ciencia y fomentar la participación de la sociedad en general. Este tipo de iniciativas busca acercar el conocimiento a públicos diversos mediante estrategias accesibles y comprensibles.

 

En segundo lugar, están los eventos académicos, orientados a un público especializado, donde el énfasis no radica en la divulgación masiva, sino en la discusión rigurosa entre expertos sobre métodos, usos y finalidades de la investigación científica. Finalmente, los eventos cerrados se centran en la concertación y validación de nuevos descubrimientos, así como en la exploración de enfoques innovadores para la producción de conocimiento. Si bien todos estos tipos de eventos son fundamentales, presentan diferencias significativas en su enfoque y desarrollo, especialmente en el caso de los eventos abiertos. En este contexto, se ha evidenciado que “la participación en eventos científicos ha tenido un impacto satisfactorio en la formación profesional de los estudiantes […] así como en la formación de valores ambientales” (García-Martínez et al., 2022), lo que resalta la importancia de estos espacios en los procesos formativos.

Al organizar un evento científico, se espera que este funcione como un espacio relevante para la apropiación social del conocimiento, en el que un número significativo de personas pueda comprender, debatir y difundir la ciencia. Este objetivo suele cumplirse con mayor facilidad en eventos académicos y cerrados, donde el público reconoce la importancia de estos escenarios y participa activamente en redes consolidadas de intercambio de conocimiento.

 

En dichos contextos, la difusión se apoya en mecanismos tradicionales como la invitación directa desde instituciones educativas, la participación de docentes y la publicación de resultados en medios académicos. Sin embargo, esta dinámica no se replica en los eventos científicos abiertos. En estos casos, la ausencia de redes académicas estructuradas limita su alcance, ya que no existen mecanismos consolidados que permitan atraer a públicos no especializados.

Como resultado, muchas personas no logran comprender la relevancia de estos espacios ni encuentran motivaciones claras para participar. Esta situación evidencia una problemática central: la falta de estrategias de divulgación que trasciendan el ámbito académico y logren conectar con la sociedad en general. A esto se suma que “algunos asistentes han indicado problemas puntuales en algunas charlas por su exceso de academicismo” (López-Cantos, 2021), lo que dificulta aún más la conexión con audiencias no especializadas.

En este sentido, uno de los principales errores radica en asumir que la difusión de un evento científico abierto puede realizarse de la misma manera que la de un evento académico o cerrado. Tradicionalmente, se recurre a herramientas como afiches o su circulación en comunidades científicas, que suelen estar conformadas por individuos ya familiarizados con estos espacios. No obstante, estas estrategias resultan insuficientes para alcanzar audiencias más amplias y diversas, en gran medida debido al desconocimiento sobre cómo y dónde conectar con nuevos públicos.

Por lo tanto, los eventos científicos abiertos requieren estrategias de comunicación más cercanas a las utilizadas en otros ámbitos culturales y de entretenimiento. Esto implica desarrollar campañas de divulgación que resalten la relevancia del evento, expliquen su contenido de manera accesible y motiven la participación del público general. Es fundamental posicionar estos espacios como escenarios inclusivos, diseñados no solo para expertos, sino también para familias, jóvenes y personas interesadas en aprender y explorar.

La presencia activa en redes sociales, la claridad en la programación, la divulgación de los temas a tratar y la explicación de su importancia son elementos clave para lograr este objetivo. Asimismo, resulta pertinente considerar el uso de estrategias contemporáneas de comunicación, como la colaboración con divulgadores científicos e influenciadores digitales. En esta línea, se reconoce que “la propuesta innovadora de promoción de un evento de divulgación científica puede convertirse en un recurso de aplicación […] dada la potencialidad de la aplicación” (Ortega et al., 2024), lo que refuerza la necesidad de implementar estrategias innovadoras para ampliar el alcance de estos eventos. Estas figuras pueden actuar como mediadores entre la comunidad científica y la sociedad, facilitando la comprensión del conocimiento y promoviendo la participación en estos espacios. El uso de plataformas digitales, particularmente a través de contenido audiovisual, puede generar un impacto considerablemente mayor que los métodos tradicionales de difusión.

 

Finalmente, es necesario prestar mayor atención al fortalecimiento de los eventos científicos abiertos como espacios de inclusión y formación. En los últimos años, se ha observado una disminución en la participación de jóvenes, lo que ha derivado en comunidades relativamente cerradas que asisten de manera recurrente a estos eventos. Si bien esta continuidad no es negativa, resulta fundamental ampliar el alcance hacia nuevos públicos y comunicar de manera efectiva la importancia de estos escenarios. En muchos casos, la vocación científica surge a partir de experiencias tempranas en este tipo de eventos, los cuales pueden transformar significativamente la trayectoria de vida de los jóvenes. En este sentido, es importante reconocer que “todos somos responsables del futuro de la Ciencia […] todos tenemos que aportar nuestro granito de arena” (Gibaja, 2022), lo que subraya el carácter colectivo de la divulgación científica. Así, surge una pregunta clave: si estos espacios han sido determinantes para quienes hoy hacen ciencia, ¿por qué no garantizar que nuevas generaciones tengan acceso a la misma oportunidad?

Referencias:

  • García-Martínez, E., Herrera-Oliva, A., Rodríguez-Antúnez, E. B., Torres-Bárzaga, R., Vargas-Batis, B., & Segura-Reyes, O. (2022). Eventos científicos: Espacios para la divulgación de resultados por estudiantes investigadores. Revista Mexicana de Investigación e Intervención Educativa, 1(2), 25–34.
  • Gibaja, J. F. (2022). La divulgación científica y patrimonial: un largo camino explicado desde una experiencia personal.
  • López-Cantos, F. (2021). Los cafés científicos. Divulgación del conocimiento en entornos informales. Razón y Palabra, 25(110).
  • Ortega, A. I. L., Baeza, J. A., & Horta, J. J. M. (2024). Nuevas aplicaciones de divulgación científica para universitarios: Tinder. Revista de Ciencias de la Comunicación e Información, 29, 1–25.

 

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