Territorios tallados en piedra: memorias ancestrales de la Serranía del Perijá

Por: Ana cristina Ruiz Sequeda y Carlos Manuel Martínez Ballesteros / Adscripción: Semillero Metales Pesados. Programa Ingeniería Geológica. Fundación Universitaria del Areandina – Sede Valledupar,  Colombia / Instagram: @geoaventure_

 

Los petroglifos representan mucho más que simples tallados sobre roca; son huellas silenciosas de pensamientos antiguos, símbolos que sobreviven al tiempo y que aún hoy permiten imaginar cómo las comunidades del pasado interpretaban su territorio, su espiritualidad y su relación con la naturaleza. Cada línea grabada, cada figura geométrica y cada símbolo conservado en la piedra constituye una forma de comunicación ancestral que, aunque no puede traducirse con absoluta certeza, sí permite aproximarnos a contextos culturales y formas de pensamiento que existieron mucho antes de nuestras fronteras modernas.

En la Serranía del Perijá, región fronteriza entre Colombia y Venezuela, los petroglifos hallados podrían estar asociados con comunidades indígenas que históricamente han habitado este territorio, particularmente pueblos como los Yukpa, Barí y Japreira. Sin embargo, incluso desde la arqueología, atribuir de manera exacta estos grabados a una comunidad específica resulta complejo, pues se trata de expresiones realizadas por sociedades ancestrales cuya temporalidad y continuidad cultural aún generan múltiples interrogantes. Aun así, las dinámicas históricas de ocupación de estos grupos permiten establecer posibles relaciones culturales con el paisaje donde fueron encontrados.

 

Estos pueblos se asentaron tradicionalmente en zonas montañosas de municipios como Rosario de Perijá, Machiques de Perijá y Jesús María Semprún, desarrollando actividades ligadas a la agricultura, la pesca y la caza. Bajo este contexto, los petroglifos podrían interpretarse como expresiones simbólicas vinculadas con rituales, puntos de encuentro, delimitaciones culturales o manifestaciones espirituales relacionadas con el territorio.

La comprensión del origen y antigüedad de estas manifestaciones rupestres requiere investigaciones arqueológicas más profundas. Métodos de prospección, excavaciones controladas y análisis de materiales asociados permitirían establecer relaciones cronológicas entre los petroglifos y antiguas ocupaciones humanas. Restos cerámicos, evidencias de combustión o sedimentos orgánicos podrían ser analizados mediante técnicas como el carbono-14, contribuyendo a reconstruir parte de la historia del sitio.

Asimismo, el análisis geomorfológico cumple un papel fundamental en la interpretación del contexto arqueológico. El petroglifo identificado se encuentra en la ribera del río Pesquería, sobre un bloque rodado de arenisca que presenta señales de meteorización causadas por el contacto prolongado con el agua. Esta característica sugiere que la roca ha permanecido expuesta durante largos periodos a procesos de erosión fluvial.

Es importante recordar que las nociones modernas de frontera y territorio no necesariamente existían de la misma manera en las sociedades indígenas antiguas. Muchas comunidades comprendían el espacio a partir de rutas de movilidad, lugares de intercambio o sitios sagrados asociados con elementos naturales como montañas, cuevas o ríos. Desde esta perspectiva, el petroglifo podría representar un marcador simbólico de memoria, reunión o conexión espiritual con el entorno.

Las interpretaciones iconográficas propuestas para los grabados hallados abren una ventana hacia posibles significados culturales. Los triángulos, presentes en varias tradiciones precolombinas, suelen asociarse con la representación femenina; los espirales cuadrados podrían relacionarse con el sol, mientras que los espirales circulares evocan el movimiento continuo del universo: nacimiento, vida, muerte y renacimiento. Por su parte, los cuatro puntos podrían simbolizar la familia o la unión comunitaria. Bajo esta lectura, el conjunto de figuras podría interpretarse como un relato sobre la importancia de la mujer como origen de la vida y eje de la comunidad, acompañada por el sol como guía espiritual permanente.

Más allá de la incertidumbre cronológica o cultural, los petroglifos continúan siendo testimonios materiales de la memoria humana. Son mensajes grabados en piedra que resisten el paso del tiempo y que invitan no solo a investigar el pasado, sino también a reflexionar sobre la relación entre cultura, territorio y patrimonio.

Adicionalmente, en el sector de Becerril se identificaron formaciones líticas alineadas y estructuras parcialmente expuestas en el terreno que podrían corresponder posiblemente a restos de piezas arqueológicas quemadas evidencias de ocupación prehispánica. Este hallazgo preliminar resalta la importancia de la región como un territorio con alto potencial arqueológico aún pendiente de estudios más detallados que permitan comprender su verdadero valor patrimonial.

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Diego Diaz

Muy Bueno el relato, pero hace falta la parte arqueologica