Por:  Óscar Fernández Galíndez

Correo: osfernandezve@gmail.com

Ya hemos señalado que la Nueva Jerusalén es un proyecto de integración sociocognitivo, que reconoce las diferencias en los haceres, sentíres y pensares de cada uno de los seres que habita este universo mundo.Partimos del reconocimiento de las diferencias no como déficits o excesos, sino como procesos naturales que se complementan.

Qué interesante sería si cada uno de los seres de este planeta, pudiera reconocerse a sí mismo con sus potencialidades y carencias y que a partir de allí pudiera ir armónicamente hacia la construcción de un nuevo mundo.

Así podríamos dar lo mejor de nosotros y recibir lo mejor de los demás. Que hermoso sería ese horizonte que por cierto no es nada utópico.

Un ser armónico no tiene que ser una persona que sepa de todo por ejemplo, si una persona que con lo mucho o poco que maneje desde el punto de vista de la gestión del conocimiento, posea la consciencia de qué hacer de la mejor forma, no importará qué cantidad de información maneje, sino lo que haga con ella.

De hecho un ser que ha aprendido a autorreconocerse, aprende por contraste a reconocer lo que le falta en el otro.Esto es también un proceso natural. Para llegar a este punto el ser humano debe ser profundamente coherente consigo mismo y con los demás.

Dicha coherencia interna lo lleva al establecimiento de un nuevo orden que no parte de lo que se percibe desde afuera, sino de lo que se siente por dentro.

Si esto ocurriera con consciencia y sinceridad, no tendríamos que ocultar nada, en consecuencia, no crearíamos nuestros máscaras y no habría ni fobias, ni manías, ni complejos ni prejuicios.

Esto se ve en los niños a temprana edad antes de ser engullidos por la podredumbre de la cultura.

Un ser que busca renacer a través del autoreconocimiento, debe entender que éste es un proceso largo, individual al inicio y que al principio te dejará muy sólo para luego reconocer en el recorrido la existencia de nuevos seres que como él o ella andan en su propia autobúsqueda.

El habitante de la Nueva Jerusalén si bien es la humanidad toda la invitada a esta fiesta. No todos entrarán al mismo tiempo, pues no todos han dado los mismos esfuerzos que los hacen merecedores de ese privilegio.

Es por ello que no existe en el mundo institución educativa, religiosa o mística, que reúna las condiciones de este contrato.

No sé trata sólo de salir a buscar, se trata de saber buscar. No sé trata sólo de estar sino de saber estar e incluso de no estar. No sé trata sólo de pensar, sino de saber no pensar, no se trata sólo de sentir, sino de saber no sentir.

Se trata de existir reconociendo la pluralidad existencial que nos sobre pasa a nosotros mismos y nos hace seres trascendentales.

Es por ello que la Nueva Jerusalén, no es un lugar, no es un grupo,  no es un camino, es un existir en el aquí y en el ahora, reconociendo cada día como una nueva experiencia.

Naciendo y renaciendo a cada instante. Somos hacedores de sueños con los pies puestos en el presente.

Te invitamos a percibir y existir en y a través de la Nueva Jerusalén como una relación de coexistencia armónica plural y necesaria en y desde la multidimensionalidad de la experiencia.

 

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