Por: Bartolomé Cavallo – Venezuela / Correo: cavallobartolome5@gmail.com

Rubén Joya nació en Maracay el 25 de abril de 1970. Como dijo el poeta Víctor Valera Mora: “Nací de parto bravo…”  y así fue como después de quince horas salí a este mundo en la capital del estado Aragua bajo el signo Tauro y con la luna de prisa. Mi infancia pasa entre una familia trabajadora que hereda una mezcla más allá de la orilla caribeña, y entre amigos de varios sitios por las mudanzas hasta establecernos en un hogar con ciertas comodidades de rigor y a la moda de ese entonces.

¿ Qué hiciste cuando niño?

Me inscribieron en béisbol, pero nunca tuve la inquietud de asegurarme nada ahí, así que la natación me ofreció el gusto por el agua y competí durante ocho años donde obtuve premios, medallas y “records” reconocidos.

Estudié en colegios públicos y un privado, muy dogmático y de profunda rigurosidad moral. Estos colegios estaban signados por los vaivenes de la política, adecos y copeyanos que se peloteaban la suerte, la estabilidad y el destino, por lo menos de mi persona, pues, rodé de lugar en lugar según el color de turno entre las pugnas partidistas que los contrastaban. Así se jugaban al venezolano, que, al fin y al cabo, quedó muchas veces relegado y extraviado.

Después entraste al liceo:

En el liceo “Manuel Antonio Carreño” me fue bien, participé en mi primera obra de teatro, tiré piedras, manifesté pacíficamente, me jubilaba (Porque las clases de electricidad eran muy aburridas), aprobé mis materias y sin copiarme salí al “José Luís Ramos” a estudiar diversificado; de allí me botaron; los ventanales eran tan grandes y provocativos que uno no podía estarse quieto. Pasé a un parasistema y recuperé el tiempo que me consumía alejándome de las “malas juntas” que fueron a parar a esa misma casa de estudio.

Recuerdo cuando mis padres se fueron al extranjero a un viaje de visita y cuando regresaron me trajeron un “view Master”, una especie de proyector con varios discos, para mí fue de una gran emoción, así que invité a varios amigos a ver “películas” y les cobraba medio por verlas; colocaba música de fondo y luego inventaba historias de lo que había visto. También diseñé un juego: “El cohete Perdido”, dibujé en un cartón un cohete que atravesaba una serie de obstáculo, muy parecido al Ludo, entonces, nos reuníamos varios amigos y la pasábamos bien.

Y en la universidad:

Me fui a la universidad y me gradué de T.S.U. en Turismo en el año 1993; ya hacía intentos por escribir cuentos, relatos cortos, y lo que hoy conozco como dramaturgia.

Ya va, cuéntame esa parte:

Me asomé en el grupo de teatro de la universidad y me dejé llevar por mi inquietud desde hacía largo rato. Tiempo después, me encargué como director de la agrupación y de pronto estaba en una oficina cumpliendo el rol de Coordinador de cultura.

 

Pasado los años, me fui a Caracas a formalizar mis estudios en el Instituto Universitario de Teatro (IUDET) bajo el programa Profeser, el cual ofertaba una corta estancia de 3 años, sin embrago, mi pasión hizo que durara mucho más, Termine graduándome en la UNEARTE en el 2013.

¿Cómo fueron tus inicios teatrales? Primera obra montada, director, grupo ¿Qué pasó allí, cómo te sentiste?

Mi tía, me llevó a ver una obra infantil en Caracas, luego en el liceo nos reunimos varios a formar un grupo entre bailes y representaciones sin ninguna orientación técnica, solo el impulso de querer mostrar nuestras habilidades; por ejemplo representamos a Pedro Navaja y mis amigos tocaban algunos instrumentos.

Me fui integrando a ese movimiento personal que nacía en mí y fui a dar a Coprocine,  un grupo que intentaba hacer teatro y cine, pero no pude continuar. Desde temprana edad empecé a trabajar, así que me compré un betamax, veía películas, copiaba ciertos parlamentos, me los aprendía, bailé “breakdance”, pintaba mis franelas, escribía cosas existencialistas que no iban a llegar a ser nada, así que mis padres veían un “desvío” de las reglas naturales al darse cuenta de mi preferencia por el arte y de pronto, la rebeldía se impuso.

Cuéntame:

En la universidad privada estudié Turismo y ahí estaba un grupo de teatro y de inmediato me acerqué, eran jóvenes con cierta experiencia teatral y el grupo estaba entre los más destacados de Aragua; sin dudar fue mi escuela, mi refugio y la grieta frente al muro.

Pude entonces, compartir lo que escribía, realizar talleres e iniciarme definitivamente en el arte dramático. Luego formé parte de varios grupos teatrales, estuve en festivales regionales, nacionales e internacionales y me fui atreviendo a escribir más, a perder la “vergüenza” a ser escuchado por actores y actrices que invitaba a mi casa para que leyeran mis ejercicios dramáticos.

¿Cuándo te dijiste que ibas a ser un hombre de teatro? ¿Qué te hizo tomar esa determinación?

Creo que me di cuenta cuando empecé a darle mucha más prioridad a lo que hacía y me impresionaba. Todo giraba alrededor del teatro, de la escritura, aunque fuesen garabatos. Me empeñé a saldar cuentas conmigo mismo, así que, taller que ofertaban, taller que me inscribía. Me estoy refiriendo a los años 1987, 1988, y de ahí en adelante, no hubo duda al respecto. Además, el grupo universitario jugó un papel importante para tremenda decisión.

¿Cuándo comenzaste a escribir teatro? ¿Es lo único que escribes?

Te comentaba que garabateaba cosas, digamos monólogos, con una base existencialista sin ninguna estructura, muy aburridos, bloques que salían desparramados sin destino. Los escribía, quizás, para entenderme con la vida mientras hacía turno en una farmacia.

 ¿Cómo fue eso?

También trabajé como despachador en una farmacia. Había que ganarse la vida. Luego llegó la oportunidad de un taller de dramaturgia en el año 1992 con la ya consagrada Xiomara Moreno. Ella realizó tres talleres y los tres los hice con un resultado excitante. Lo primero que escribí fue un ejercicio: “Clase”, inspirado en un portero de la universidad que a veces se oponía a que ensayáramos un sábado en algún salón de clase; así que el desarrollo fue un par de actores contando sus anécdotas y jugando a ser personajes.

¿De qué se trataba?

Una denuncia de fondo. Una obra muy mala, escrita a lápiz y a máquina de escribir. Luego intenté otras y otras que se fueron quedando a medio camino; pero seguí formándome como actor en paralelo con la dramaturgia durante años hasta que salió a la luz mi primera obra formal: La Unión. Fue a un festival y contó con grandes intérpretes del momento.

Mi inquietud por la escritura me llevó a explorar el artículo para la prensa bajo el nombre de “la Rosa de los Tiempos” que salía impreso en un periódico de la ciudad.

¿Te había preguntado qué más escribes?

Por ahora, exploro como ejercicios relatos cortos y algo de poesía que ha quedado para mi ficción operativa.

¿Cómo es tu relación con la dramaturgia? ¿Primero haces una historia o van apareciendo personajes y los vas trabajando?

Te confieso que la mayoría de veces soy muy desordenado, escribo a brújula, sin ningún plan preestablecido, sin embrago, he tenido que recurrir a un mapa para encontrarme con la historia y los personajes. En realidad, no existe una formula exacta, no obstante, hay que apuntar bien con habilidad y destreza. No basta el talento para construir alternativas que encaminen a un texto trabajado con sentido, consciencia humana y artística, hay que dominar el arte de la escritura.

 

La idea no la escribo, aunque suena romántico me atrapa, me consigue. El trabajo lo inicio con la aparición de algo arbitrario, lo suficientemente singular y potente, algo que quiebra y corta. Por otro lado, produce un campo de sugestiones. Divago en la conversación personal donde surgen voces que van llenando de dudas lo que tienes; tomo la hoja en blanco y los dejo confrontarse a la deriva sin estructuras hasta que agotan su terquedad. Tiempo después sabes que es una potencial obra, entonces, la problematizas, la recrudeces y tratas de darle causas, lógicas, contradicciones en dialogo y teatralidad.

Explícame eso:

Las primeras líneas son emocionales, un estado de atmosferas. Mi palabra es portadora de circunstancias, antecedentes, relatos, recuerdos. Los materiales del autor son los universos personales y los hechos cotidianos.

Así me dejo impresionar y operan estos elementos de frente a lo que miro, o leo y los dejo para que hagan de eso un lugar mixto de emociones e impresiones. Después de eso le doy estructura, me ubico, escribo desde los signos dramáticos, desde el escenario porque sé que es teatro para ser representado lo que he comenzado como un viaje.

¿Y?

A veces, voy trabajando a ciegas, las fuerza dramáticas (todavía no son personajes) van reaccionado a cosas que les produce un misterio tanto como a mí; reúno datos, informaciones reales y prosigo hasta tener el camino para tramar la vida en circunstancias límites mediante la abstracción de los elementos reales; es como si la vida nos mirara mientras hacemos equilibrio por una línea imaginaria de la calle; con vértigo, tensión, velocidad… es como hacer una contralectura donde uno llena los espacios que la realidad no evidencia.

En qué rol te sientes mejor: escribiendo, actuando, dirigiendo.

He aprendido a diferenciar estas zonas creativas; cada una de ellas merecen un tratamiento distinto, una configuración, una vivencia particular; escribir es acercarme a lo inusual, actuar es situarme en eso para vivirlo a plenitud, y dirigir es tratar de amalgamar cuerpo y alma sobre los hechos; visibilizar lo que no está, lo no dicho.

Sobre estas tres aventuras, mi pasión está en la escritura. Me siento mejor en ese instante con mis fantasmas, y aunque las tres se traten de la vida, de la vida en una forma más concentrada, más comprimida en tiempo y en espacio, escribir me coloca frente a la sorpresa, a la aparición de lo nuevo donde formoparte de un lugar que apenas conozco, pero parece que ya lo he soñado antes.

Bueno, ¿producto de eso has sido ganador de varios premios?

Sí, gané el premio Apacuana (2018) organizado por la Compañía Nacional de Teatro de Venezuela, que fue llevado a escena por esa misma compañía. También fui ganador del Concurso Nacional de Dramaturgia “Gilberto Pinto” 2019.

¿Cómo sientes el movimiento teatral regional?,  ¿Qué le falta?

He estado en varios movimientos de la región, incluso, fecundando la idea y luego asistiendo el parto. Muchos surgen de la indignación que les han provocado a los creadores y creadoras, entonces, nos preparamos para una contienda de 15 rounds.  Luego del campanazo final nos vamos diluyendo como si el contrincante no pretendiera una revancha.

En la mayoría de los casos, nos conformamos con la queja sin el derecho a gobernarnos. Si bien es cierto, hay hechos relevantes que han forjado otras iniciativas, hay pruebas, muchos encuentros, entusiasmo, representaciones, planificación colectiva, pero también un egoísmo facineroso, unas ganas de proclamarse rey decretando a la mayoría de súbditos; en otros casos, lanzando una cuerda que nos ate a las instituciones para que luego nos desaten cuando quieran.

A los movimientos les hace falta una veredera independencia, una sintaxis particular, activar pequeñas causas fuera del andamiaje constituido. Creo que nos da miedo reconocernos, instalar una mirada revolucionaria, no partidista, hacernos, sabernos, imaginarnos libres y dispuesto a jugar como en un receso después de clases lejos del salón.

¿Eso es un reclamo?

Los movimientos pueden tener vinculaciones, claro está, pero deben procurar elegir los senderos entre los caminos señalados llenos con espejos y escombros que van repitiendo viejas historias. No tenemos tampoco una unidad muy precisa, no nos juntamos a hablar, tenemos como ciertas alianzas e intereses particulares.

En otros casos, funcionamos como una zona de resistencia que opera una suerte de transformación donde juntamos los pedazos de cada uno para que se produzca un fenómeno más atractivo, un gesto sobre lo que vendría a oponerse.

En definitiva, ¿Qué nos falta? Creer en una nueva versión de nosotros mismos. “Si la vida cambia, que yo cambie, no es extraño”

¿Qué pretendes hacer en los próximos años?

Teatro, breve, largo, actuar, dirigir, escribir cortometrajes, y seguir tratando de dar la pelea con buenas acciones.

Ahora Rubén, ¿Cómo percibes la importancia del teatro como generador de aprendizajes, ya que también has incursionado en esta faceta?:

Rubén Joya parte de un escrito anónimo, pero que siempre lo refiere: “… Una obra debe renunciar a ser obra y volcarse a ser una experiencia”

¿Qué quieres decir exactamente?

Quiero decir que la vida es teatro, un juego de espejos que genera imitación, revelación y desdoblamiento; así el ser humano reflejado en el espejo representa un momento determinado entre la frontera de lo real y la ficción.

En la vida cotidiana vemos la situación en la que estamos; en escena tenemos la posibilidad de ver la situación y a nosotros mismos dentro de esa situación. Es una delgada cuerda floja donde todo se tambalea, y como en el teatro se viven situaciones atípicas, alegres, extrañas, contradictorias, creíbles e imposibles de creer.

¿Por lo tanto?

El ser humano establece, sin ser consiente quizás, un tiempo, un espacio y unas circunstancias, es decir, una relación con el drama donde una serie de sucesos afectan su vida como al de los personajes.

Las leyes que rigen la realidad, tendrán un efecto dialéctico y didáctico sobre lo que piensa a partir de lo que le ocurre, incluso, sus dudas van a desencadenar una investigación, una dialéctica, un acercamiento colectivo, una resignificación de sus hechos donde lo narrativo, lo estético y lo dramático se circunscriben. Como en los personajes en el teatro, al individuo se le conoce por los sentimientos, por lo que siente y las acciones que hace.

El teatro es un quehacer humano.  Es una invitación al conocimiento, un llamado a la construcción prospectiva, a la conciencia y una alternativa para el hacer, ser y construir en el desarrollo de los contenidosen cualquiera de las modalidades educativas. Se ha demostrado que, además de estimular el desarrollo del intelecto, también se cultiva la inteligencia emocional y la creatividad. El teatro del oprimido creado por Augusto Boal, por ejemplo, facilita las discusiones de los problemas sociales. Recurre además a la reflexión-acción como mecanismo estructural del proceso de enseñanza, y se sirve también de abundantes herramientas metodológicas de esencia participativa. Incluso, podía ir más allá de lo formal:

  • El teatro puede educar ciudadanos, que también significa en palabras de Fernando Savater, formar gobernantes.
  • ayuda a comprender nuestra identidad en relación con los distintos roles que desempeñamos en cada ámbito de la vida.
  • El teatro se circunscribe en algunas leyes del universo, por ejemplo en el Principio de Vibración, donde “Todo vibra, todo está en movimiento, todo se mueve hacia un cambio, hacia su propia transformación”.
  • La actividad docente no se puede copiar, es necesario crear, porque el arte es creación. En nombre de Prometeo, ¿Has visto el futuro?

Ahora bien, desde esta perspectiva  ¿Consideras que con el teatro se pudieran dar cambios sociales?

Sí. El artista debe tener una posición crítica y activa que incida y refleje a la sociedad en la que vive. El teatro es un arma que permite la transgresión y el compromiso rompiendo la explicación del mundo que nos trasmite el poder, es decir, el sistema de creencias establecida a partir de una idea cerrada y falsa.

El conflicto es el primer factor de motivación para el ser humano. Desde que nacemos nuestras acciones buscan evitar el hambre, el frío, el dolor físico o mental. Así sea bajo la figura bíblica del paraíso perdido del cual fuimos expulsados para ganarnos la vida “con el sudor de nuestra frente”, o bien bajo el concepto marxista de la lucha de clases como motor de la historia, el conflicto es a la vez un germen de destrucción pero también de construcción: se trata de superar lo actual para llegar a una nueva etapa, individual o colectiva.

Hay un término, la proxémica que estudia el modo de estructuración del espacio humano: tipo de espacio, distancias mantenidas entre las personas, organización del hábitat, estructuración del espacio de un edificio o de una habitación; esta estructura también está basada en el teatro, como en el texto.   El teatro, como en algunos casos ha utilizado y puesto en funcionamiento en espacios en desuso o en situación de abandono y ha contribuido con una causa de reciclaje por llamarlo de alguna forma, eso entre otros ejemplos ambientales.

Esto quiere decir, a mi entender que ¿El teatro es contestatario de por sí?

Así es. Tiene una naturaleza indómita; es rebelde, revolucionario; sus hombres y mujeres son seres vulnerables provocados por lo que le sucede a su alrededor y expresa sus puntos de vista ante los problemas de la vida.

Es un proceso dialéctico, problematiza y propende una alternativa a la sociedad; provoca pensamientos, ideas; es la evidencia de una rebeldía ante un equilibrio natural roto; rechaza el mundo establecido, lo denuncia, lo cuestiona y tiene un carácter crítico; si es intercultural una integración del “otro”, ineludible al formular el discurso de “nos-otros”, entonces estamos ante un territorio ideológico y político, además. “No hay teatro neutral; la neutralidad es un invento de los que mandan”, dijo Erwin Piscator.

Déjame ver si te capto; me quieres decir que ¿desde el teatro se puede educar a la comunidad?:

Una vez, entre tantas, estuve en una asamblea comunitaria, los problemas eran los mismos, hasta con mayor intensidad, y las estrategias no vacilaban en petrificarse para informar con papeles murales, grafitis, foros a veces fastidiosos, pero necesarios; había un cansancio repetido con resultados de bajo impacto.

Así que, ¿Por qué no llevar esos nudos críticos a la escena? ¿Esos hechos porfiados? ¿Plantearnos otros imposibles? Y así fue. Los problemas los trasladamos al texto, le dimos forma teatral, breve con máximo de 10 minutos por problema; elegimos tres de ellos: El embarazo temprano, lo ecológico, y la moda, esas chicas que hacen lo que sea por ampliar sus senos.

El fondo social, era y es comprometido, tiene muchos factores, pero centramos los temas con humor y un mensaje sobresaliente para teatro de calle. Con una duración de doce (12) minutos cada una, diseñamos diálogos breves, sencillos e interactivos para teatro callejero, comunitario, o en espacios no convencionales sobre aquellos problemas no deseables que intentan oponerse a su transformación.  ¿Los resultados? En primer lugar, estimulamos la organización entre ellos, la comunicación y el talento que había en los sectores de la comunidad. Hicimos visibles y participativa a los sujetos anónimos.

El público, se ruborizaba, normal en estos casos, pues, los temas eran de ellos, salidos y sufridos por ellos, pero se divertían, reflexionaban y posteriormente surgieron líneas de investigación para lo educativo. Realizamos talleres breves sobre esta línea dramática, donde los accesorios y el vestuario no fuesen más que la ropa cotidiana, y el reciclaje en cartón para los elementos. Facilitamos procesos, más que educar, la mala educación puede confundirse con otras intenciones; Hay que respetar la sintaxis del pueblo su estructura de pensamiento, y que éste conozca la sintaxis dominadora para que identifiquen y poder trabajar sobre lo dominante.

A ver Rubén, desde tu vasta experiencia de hombre dedicado al teatro, la dirección, la escritura: ¿Cuál es tu opinión de teatro político?

El teatro tiene una finalidad claramente social en la medida que configura textos y contextos que dialogan con el público. Al decir que el ser humano es un ser social, se afirma que es un sujeto político que se constituye a partir de un proceso de socialización que se da en una relación dialéctica individuo-sociedad. Toda política implica un pensamiento; esto es entonces, que la cuestión política hace del pensar una labor, y de esta labor de pensar surge la cuestión política misma: lo político definiría la existencia misma de lo humano. Así que, desde esta perspectiva, todo teatro es especialmente político, se articula político, se asume político,  pues en esencia todo acontecimiento, acción, tributo a lo humano es particularmente dialéctico.

“¿Qué es la política?”, y se responde a sí mismo: Fina Birulés, profesora titular de la Universidad de Barcelona, España e investigadora en el Centro de Investigación en Teoría y Género de sexualidad de esta universidad expresa: “Se diría, pues, que en la medida en que formamos parte del mundo, la experiencia nos concede un acceso directo al mismo.” Teatro político, y no partidista, aquel que tome en cuenta el sujeto como agente de contradicciones entre lo que puede destruir o mejorar. Develar los mecanismos o las concausas que lo oprimen, y colocar en evidencia a sus opresores.

Vamos a contextualizar los tiempos ¿Se pudiera regresar al teatro panfletario, aquel que se hizo mucho en los sesenta y setenta?

No ha dejado de existir. Hay movimientos en el mundo que alertan las condiciones deplorables a los que son sometidos. La desigualdad, el racismo, entre otros temas que aluden la miseria en el ser humano.

El teatro, en una combinación de performance; incita, genera movimientos de calle con representaciones directas a los temas que nos afligen. Es necesaria la agitación, la confrontación breve del espectáculo como forma de expresión ante el público. Además, es un recurso, de inmediatez, al día con los problemas que pasan de informar a despertar o a destellar pequeñas energías sobre las conciencias pasivas.

Voy a concluir citando algo de Walter Benjamín:

los partidos políticos no son otra cosa que engranajes del mismo sistema. Es cierto: el acercamiento a la realidad de un partido de derecha y de otro de izquierda puede ser diferente, pero al final, en un sentido estructural, ninguno buscará cambiar realmente el estado de las cosas. ¿Por qué? Simple: porque hacerlo significaría su propia desaparición.

De igual manera, analizando los tiempos en que estamos hablando: ¿Crees que el teatro cumple una labor didáctica dentro de una sociedad?

Más allá de los modelos didácticos y de las áreas, puedo empezar por lo que dijo Juan Carlos Gené –Director, Pedagogo, Escritor de teatro- “El teatro presenta al hombre como es, angelical y homicida, tierno y cruel. Nunca ha sido el teatro ámbito de almibaradas visiones del hombre. Y cuando tal cosa ocurrió, sus cultores cayeron en el olvido”.

 El cuestionamiento es útil cuando lo aplicamos a aquello que parece más evidente, “más normal”. La duda, por otro lado, no es meramente teórica, también puede dar paso a su correlato práctico, de acción política. Descartes comenzó dudando, pero de ahí pasó a estructurar todo un sistema de pensamiento que, a la postre, dio pie a buena parte de la manera en que ahora aprehendemos la realidad. La didáctica está centrada en los procesos que tienen como eje la investigación, la creatividad y la innovación, y estos elementos son pilares fundamentales en el arte dramático para su desarrollo y expresión.

El uso del teatro como herramienta para la enseñanza no es una idea nueva. La diferencia es que hoy día se han encontrado otras aplicaciones que satisfacen la búsqueda de alternativas para formar integralmente al ser humano. Aprender a través del teatro es simplemente recordar lo que dijo Shakespeare, “La vida es un escenario y todos somos actores”.

Tú crees, entonces, que con el teatro se pudiera desmotar la propaganda política de la oposición, por ejemplo:

Sí, pero se necesita de una planificación con el Estado, una fuerza que combine un estímulo creativo y unas políticas en consonancia con este mecanismo de intromisión. Juntos, podemos desmotar el aparato mediático destructivo de propaganda de guerra, no basta la voluntad de ciertos individuos y colectivos organizados.

En lo que refiere al teatro en particular, yo diseñé “textos emergentes” para espacios no convencionales y de calle, una compilación de ideas, textos poéticos, para formar un cuerpo de expresión ágil, y de agitación. Una especie de “collage”, inspiradas por experiencias pasadas que forman parte del empeño instigador, injerencista y burocrático.

Lo primero al iniciar una investigación genealógica es recopilar la mayor cantidad de antecedentes a través de dos fuentes: orales y documentales, y así fuimos dándole forma a un proyecto que solo anhelaba combatir lo indeseable.

En medio de las limitaciones de su tiempo y su corte Luis XIV protegió a Molière y a Racine; Napoleón Bonaparte recibió del teatro lecciones muy útiles que lo condujeron como un político para la historia, y por citar otro ejemplo, Mussolini llevó su vanidad al extremo al ordenar le escribieran una pieza de teatro llama “Los cien días” la cual ponderaba sus hazañas, cualidades y virtudes. ¿Por qué nosotros no?

Rubén, vamos casi terminando, ¿Crees tú que hayan contradicciones entre estética y panfleto?

Sí. Recuerda que la estética se ancla en la belleza, y claro hay unas justificaciones preciosistas. La belleza como ideal, no como perspectiva cultural sino hegemónica, es decir, establecidas por los grupos de poder. La estética es la organización sensorial y sensible, de ahí lo intercultural tiene una mirada social más humana; La belleza poética comienza donde la belleza natural finaliza. Incluso, sino me equivoco hay un culto al “feísmo”  que valora estéticamente lo “feo”, pero ¿Qué es lo feo? Situaciones repugnantes, claro.

Pero también la belleza está en la alta tragedia teatral, en ese momento de clímax cuando Edipo se quita los ojos al conocer su destino, todo un artificio le rodea en la escena: palabras, atmosfera y aflicción.

Bien, poeta, como se decía frecuentemente, ¿El teatro político está reñido con el teatro de arte?

No. Bertold Brecht, supo mezclar estas dos consideraciones que haces. Y como ya hemos dicho, no hay teatro ingenuo, todo tiene una intención, así sea Anita la Huerfanita, su trasfondo es político, Rocky, o Godzilla, un monstruo Chino que está en Nueva York y los norteamericanos lo vencen por más fuerte y gigante que sea deja mucho para otro tema. La calidad de una obra no existe, si hay que explicar lo que es.

El teatro debe evitar la versión cotidiana que invita a la costumbre, a ser parte de un sistema de pensamiento, conformismo y poco atrevimiento hacia los cambios. Si no podemos arrancarle la lógica ordinaria a la vida, y nos resulta difícil quitarnos los actos triviales de encima, nuestro proceso de comunicación será de un invasor a otro en constante regulación con el sentido común opresor.

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