Petroglifos. Revista Crítica Transdisciplinar 1(1):28-32 julio-diciembre 2018
ISSN: 2610-8186
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Artículo Divulgativo
MODELO DE ATENCIÓN INTEGRAL CENTRADA EN LA PERSONA. SINOPSIS CRÍTICA TEÓRICA
PERSON-CENTERED COMPREHENSIVE CARE MODEL: CRITICAL-THEORICAL SYNOPSIS
Ricardo J. Chaparro-Tovar*1
Wilmer A. Velásquez2
1Instituto Nacional de Investigaciones Agrícolas (INIA) - Maracay, Venezuela
2Universidad Bolivariana de Venezuela (UBV) - Maracay, Venezuela
*Correo electrónico: ricardochaparroinia@gmail.com
Recibido: 10/02/2018 Aceptado: 15/03/2018
RESUMEN

El pensar en el ciclo evolutivo del ser humano signado a la procreación, reproducción y muerte, nos lleva a una visión antropocéntrica desde una mirada biológica por demás corta. Se hace necesario reconocer la presencia entre la reproducción y muerte de la longevidad o tránsito por el envejecimiento como una fase de vida natural, temida y en muchos países del mundo culturalmente desatendida. Por lo cual mediante el presente artículo como producto de la investigación bibliográfica realizada entorno esta temática, se busca aproximarnos teóricamente desde la mirada humana en el mundo empresarial mediante la prestación de servicios a los adultos mayores.

Palabras clave: adulto mayor, atención centrada en la persona, empresa, servicio
ABSTRACT

The thought of the evolutionary cycle of the human being signed to the procreation, reproduction and death, leads us to an anthropocentric vision from a biological view other short. It is necessary to recognize the presence between the reproduction and death of longevity or transit through aging as a natural, feared life phase and in many countries of the culturally unattended world. Therefore, through this article as a product of the literature research conducted around the subject of care focused on the person, we seek to approximate theoretically from the human perspective in the business world by providing services to the elderly.

Key words: attention centered on the person, company, senior citizen, service

INTRODUCCIÓN

El pensar en el ciclo evolutivo del ser humano signado a la procreación, reproducción y muerte, nos lleva a una visión antropocéntrica desde una mirada biológica por demás corta. Se hace necesario reconocer la presencia entre la reproducción y muerte de la longevidad o tránsito por el envejecimiento como una fase de vida natural, temida y en muchos países del mundo culturalmente desatendida.

Para Guerrero, Hernández, y Rodríguez (1999), las personas a partir de setenta años de edad, entran en la etapa denominada adulto mayor o tercera edad, esto autores identifican los aspectos sociales, biológicos y cronológicos como factores que influyen en estas personas. Por su parte, las Naciones Unidas desde de Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento, clasificó al adulto mayor como aquella cuya edad oscila entre 60 y 80 años, y a las personas con más de 80 años les catalogó como anciano. Se concibe el envejecimiento como “los cambios fisiológicos que ocurren en un organismo a través del tiempo”. (Organización Mundial de la Salud, 1989, p.23). Desde la perspectiva de Ballestero (1999) el envejecimiento es producto de la evolución natural e indetenible del ser humano, atiende directamente a la ley de la vida, la cual estipula que todo organismo biológico envejece; por esto, sería un error estudiar el envejecimiento como una patología, más bien, es un eslabón de la vida humana que se debe asumir como normal, por lo cual amerita ser transitado mediante el disfrute pleno, pues generalmente las personas han concretado su plan de vida y este es el momento de disfrutar las metas cristalizadas a lo largo de sus años.

En este sentido, el envejecimiento se presenta a nivel individual como colectivo, de ello podríamos referirnos al envejecimiento activo como aquel que “se aplica tanto a los individuos como a los grupos de población. El término activo hace referencia a una participación continua en las cuestiones sociales, económicas, culturales espirituales y cívicas y no sólo a la capacidad para estar físicamente activo o participar en el mundo del trabajo.

Con la aplicación del paradigma del envejecimiento activo se trata de ampliar la esperanza de vida saludable y la calidad de vida para todas las personas a medida que envejecen, incluyendo aquéllas que se encuentran en situación de fragilidad, discapacidad o dependencia”. (Rodríguez, 2013, p.5)

De lo antes referido se puede dilucidar que la vulnerabilidad de las personas en esta etapa de la vida se manifiesta mediante la presencia de categorías como fragilidad, discapacidad o dependencia de estas, claro está que la soledad pudiera propender en afianzar la precitada vulnerabilidad. De esto se desprende, la importancia que tiene en la sociedad actual los sistemas de atención de personas en esta situación.

Por lo antes reseñado, es importante aclarar el concepto de dependencia, para lo cual se puede citar a Rodríguez (op. cit.), al señalar que la dependencia funcional fue definida por el Consejo de Europa en 1997 como la situación en la que se encuentran personas que, por razones ligadas a la falta o a la pérdida de capacidad física, psíquica o intelectual, tienen necesidad de una asistencia y/o ayuda importante para la realización de las actividades de la vida diaria.

Por su parte, la Ley de Promoción de Autonomía Personal y Atención a las Personas en Situación de Dependencia (LAPAD), partiendo de esta definición, entiende la dependencia como el estado de carácter permanente en que se encuentra las personas que, por razones derivadas de la edad, la enfermedad o la discapacidad, y ligadas a la falta o a la pérdida de autonomía física, mental, intelectual o sensorial, precisan de la atención de otra u otras personas o ayudas importantes para realizar actividades básicas de la vida diaria o, en el caso de las personas con discapacidad intelectual o enfermedad mental, de otros apoyos para su autonomía personal.

Entonces se puede decir que, la vulnerabilidad en adultos mayores está vinculada al grado de dependencia en la ejecución de actividades cotidianas, la discapacidad por enfermedad física o mental, por accidente, por limitaciones motoras producto de su avanzada edad, son algunas de las causas de la dependencia. Como seres humanos merecen atención, respeto a su dignidad, y participación activa en la sociedad, aspectos axiológicos necesarios para principios que se establecen para resguardar estas personas en la actual sociedad trastocada por el individualismo, el materialismo y la desatención.

Rol social del adulto mayor

Referirnos al envejecimiento de un determinado país está relacionado a cambio de grupos etarios menores a mayores, el envejecimiento grupal a nivel social es característico de países desarrollados, por lo cual nos hace pensar en costos asociados a la atención de este grupo de personas conocidos como adultos mayores.

En el caso específico de España. El envejecimiento de la población representa un formidable reto para el sistema sanitario, al tiempo que es en parte un resultado de éste. Cuando abordamos un análisis de cierta profundidad de dicho reto, nos encontramos con que, frente al temor generalizado del aumento del gasto sanitario público debido a una población envejecida, el sólo efecto del alargamiento de la duración de la vida, dentro de los parámetros actuales, no debería llevar al alarmismo respecto al crecimiento desmesurado del gasto sanitario, entendiendo por gasto sanitario el que actualmente se deduce de la gama de cuidados sanitarios al alcance de la población. Pero, ciertamente, el envejecimiento y la evolución global de la población implicarán un mayor gasto sanitario real. (Ahn, Alonso, y Herce, 2003, p.74)

Así pues, desde este contexto se pudiera pensar en este grupo de personas como una carga presupuestaria para los españoles, más si tomamos en cuenta que “…el envejecimiento de la población española llevaría a un crecimiento del gasto sanitario público real del 0,7% al año, por término medio, en las próximas décadas (hasta 2040)”. (Ahn et al., 2003, p.74)

Por el contrario, Rodríguez (op.cit) señala que los adultos mayores “no deben ser considerado como un peso para la sociedad, sino como un recurso que puede contribuir a su bienestar” (p32). “…la experiencia es la mayor capacidad que poseen las personas adultas mayores y de ser bien aprovechada por la sociedad, se tendría una gran capacidad para enfrentar los retos que se presentan en la actualidad” (p 34).

Visto desde ese punto de referencia, el adulto mayor juega un papel preponderante en países que valoran el conocimiento desde su génesis hasta la gestión de este, constituye un bien intangible que apalanca el desarrollo socioeconómico de estos países. Para ello, se requiere de políticas públicas orientadas a insertar luego de su retiro, a estas personas como asesores en sus respectivas áreas. Al mismo tiempo, se contribuye con la calidad de vida de los adultos mayores, activando la actividad mental y disipando el ocio e incrementando la autoestima al sentirse útiles y tomados en cuenta por la sociedad.

Una alternativa que pudiera servir para orientar y generar políticas públicas destinadas a la inserción de adultos mayores en la sociedad, y al mismo tiempo se utilice sus conocimientos y experiencias lo representan los programas educativos intergeneracionales, al tomarse en consideración que las experiencias intergeneracionales más estudiadas, aparecen a partir de la creación de “Generations United”, organización norteamericana que desde 1986 se dedica exclusivamente a mejorar la calidad de vida de niños, jóvenes y mayores, a través de estrategias, programas y políticas públicas intergeneracionales. Los Centros Intergeneracionales son espacios de encuentro entre las diferentes generaciones pensados con tal fin y en los cuales se dan espacios programados de intercambio y encuentros de tipo informal. (Betancor, 2010, p.3)

En esta dirección Hatton-Yeo y Ohsako (como se citó en Betancor, op. cit) estos programas representan un camino para la interrelación dialógica y dinámica de intercambio de recursos y aprendizajes entre diversas generaciones con el objeto de fortalecer capacidades cognitivas y de experiencias a nivel individual y colectivo.

Al respecto Betancor (op. cit.) sugiere que dichos programas deben tener continuidad en el tiempo y ser considerados beneficiosos para las diferentes generaciones participantes. Dentro de estos surgen conflictos a partir de los diferentes puntos de vista, muchas veces encontrados y es por eso que este tipo de iniciativas requiere de conformar equipos de trabajo con personal formado en manejo de conflictos, ya que las múltiples visiones generacionales tienden a confrontase de manera antagónica.

Comprensión del plan de vida longevo

Como seres humanos cognoscentes tenemos deseos y expectativas de realización a nivel personal concebidas desde el imaginario individual hasta lo colectivo. Para ello, fijamos planes, metas y emprendemos acciones que nos orientan a concretar dichos deseos y expectativas. Pensar en formular un plan de vida proyectando nuestra futura situación personal en la etapa de adultez mayor resulta un ejercicio que demanda claridad, madurez personal, por lo cual trasciende a lo meramente técnico en este cometido.

En este sentido, Hernández (2006) asegura que desde la visión existencialista este tipo de proyectos “no es meramente un plan ni se reduce a ser aquello hacia lo que el hombre tiende, sino que es aquello que constituye su verdadero ser” (p. 103). El proyecto emerge, desde la visión de Heidegger, como elemento onto existencial del hombre, esto se basa en que el sentido de que la existencia del ser humano es su proyección de vida en el tiempo. En una dirección más concreta, el proyecto de vida, es una prospección hacia el futuro incierto del propio. Siendo el proyecto de vida un producto de constante edificación cuyo límite es la muerte Cortés y Martínez (como se citó en Hernández, op. cit. 2006).

Por lo antes señalado, se puede establecer que para llegar a un nivel comprensivo profundo de la realidad de los adultos mayores como producto de su plan de vida, necesario es considerar las situaciones de residencia de estas personas, sean producto de su plan de vida o por circunstancias muy personales, Papalia et al. (2010) indica que entre las situaciones más recurrentes se encuentran los adultos mayores viviendo solos y sin pareja, conviviendo con hijos mayores, residenciados en instituciones y otras formas de vivida colectiva.

En esta dirección Kinsella y Phillips (como se citó en Papalia, op. cti 2010) consideran que los adultos mayores en los países subdesarrollados conviven con sus hijos, esto se presenta, mientras que en los países desarrollados gran parte de los ancianos viven solos. Las variantes de esta situación atienden por lo general a los planes de vida que estas personas hayan asumido para en esta fase de su vida. Este hecho pudiera indicar la decisión o el plan de vida en los adultos mayores está influenciado por su entorno sociocultural.

Para Kinsella y Verkoff (como se citó en Papalia et al., 2010) el asumir la soledad como estilo de vida no implica que estas personas tengan pleno bienestar en sus vidas cotidianas. En esta dirección, se pudiera pensar que la vida en soledad pudiera estar relacionada con la falta de afecto por parte de las familias. Por otro lado, se puede interpretar que haber planificado y escogido este estilo de vida es producto de su independencia biológica como ser humano y financiera. Del mismo modo, el conseguir adultos mayores viviendo con sus hijos mayores no es necesariamente, un factor que influye en las buenas relaciones con sus familiares.

Característico en los adultos mayores del primer mundo, es elegir vivir en su propio hogar, sin alejarse de su comunidad. Kinsella y Phillips (como se citó en Papalia, et al., op. cit). Esta alternativa, se le conoce como envejecer en el hogar, es muy conveniente para las personas que no requieren ayuda de otras para subsistir, o en su defecto requieren ayuda mínima, poseen sólido respaldo financiero o cuentan con casa propia, demandan privacidad e independencia, y desean tener cerca a sus amigos y seres queridos. Goyea, Hudson y Seltzer Phillips (como se citó en Papalia et al., 2010).

Bernstein (como se citó en Papalia et al., 2010) plantea que otro escenario interesante lo representan las comunidades de jubilados los cuales se configuran mediante la agregación en un espacio territorial dando génesis a comunas de adultos mayores. Dicho fenómeno propone o demanda la adecuación dentro de los hogares y espacios de dominio público, para la convivencia de estas personas.

Atención Centrada en la Persona (ACP)

Para atender los requerimientos específicos de los adultos mayores se gesta una nueva tendencia o modelo llamado Atención Centrada en la Persona (ACP), la cual como busca centrar dicha atención en servicios orientados a las particularidades de los seres humanos, trascendiendo a los parámetros y normas con visión de generalidad durante su aplicación. Específicamente, se pretende implantar un modelo donde no sólo la atención a los adultos mayores este orientado al ámbito asistencialista, se busca conocer la persona desde su ser ontológico para dotar de poder y direccionamiento en su vida cotidiana. Por lo cual se puede caracterizar como una tendencia que se aleja de modelos de cuidados tradicionales donde la atención viene determinada por procedimientos uniformes derivados de necesidades asociadas a clasificaciones de enfermedades y grados de dependencia y por condicionantes organizativos (lo que en ocasiones se ha denominado como modelos de atención centrada en los servicios). (Martínez, Díaz, Rodríguez y Castiello, 2015, p. 4)

En consecuencia, se puede entender la ACP como un novedoso modelo que amerita alto nivel espiritual y de sensibilidad desarrollada dentro de las organizaciones que prestan estos servicios, así como por los familiares y profesionales que asumen este tipo de atención, no es fácil desprendernos de prácticas aprendidas bajo otros enfoques que se materializan en la cotidianidad de nuestras vidas profesionales, más aún, cuando están vinculadas al relacionamiento y atención a los adultos mayores.

 

CONSIDERACIONES FINALES

La experiencia acumulada es un valioso y poderos tesoro presente en los adultos mayores, reconocerles esa experiencia, así como sus fortalezas como personas, apunta a generar un clima de confianza propicio para implementar el modelo ACP. Desde esta visión, estaríamos hablando de empoderar a estas personas, lo cual significa, dotar de conciencia individual respecto al control que estas personas pueden tener en la cotidianidad de sus vidas. Por ello la buena praxis profesional donde el entorno y la provisión de apoyos ejercen un papel primordial los entornos hogareños y accesibles, las actividades significativas, las relaciones familiares y sociales, la cercanía a la comunidad y la flexibilidad organizativa se convierten, desde enfoque, en elementos imprescindibles. Martínez (et al. op. cit).

Para cerrar, podemos decir que el aspecto espiritual invita a desarrollar vínculos desde lo afectivo y comprensivo como seres humanos. Interpretar, comprender y asumir las realidades inmersas en cada adulto mayor es una vía para generar esa conexión espiritual que facilitaría el trabajo en la ACP.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Ahn, N. Alonso, J. y Herce, J. (2003). Gasto sanitario y envejecimiento de la población española. Recuperado de: https://www.fbbva.es/publicaciones/gasto-sanitario-y-envejecimiento-de-la-poblacion-en-espana/

Betancor, A. (2010). Integración de adultos mayores, el rol social y la perspectiva intergeneracional en programas educativos. Recuperado de: http://cienciassociales.edu.uy/wp-content/uploads/2013/archivos/Mesa_1_Bentancor.pdf.

Ballestero, C. (1999). Las modificaciones del estado físico, anímico, calidad de vida y auto-estima en adultas mayores por medio de un programa de actividad sistemática de karate do. Tesis. Universidad de Costa Rica.

Guerrero, E. Hernández, G. y Rodríguez, A. (1999). Taller de capacitación para la atención de necesidades básicas del adulto mayor, dirigido al personal y familia Hogar de Ancianos Alfredo y Delia González Flores.

Informe final. Escuela de enfermería. Facultad de Medicina. Universidad de Costa Rica.

Hernández, Z. (2006). Estudio exploratorio sobre el proyecto de vida en el adulto mayor. Psicología y salud, 16 (1), 103-110. Recuperado de: http://www.redalyc.org/pdf/291/29116112.pdf.

Martínez, T. Díaz, P Rodríguez, P. y Castiello, M.(2015) . Modelo de atención centrada en la persona. Presentación de los Cuadernos prácticos. Informes Envejecimiento en red, nº 12. Recuperado de: http://envejecimiento.csic.es/documentos/documentos/enred-modeloatencioncuadernosmatia.pdf.

Organización Mundial de la Salud. (1989). La salud de las personas de edad. Informe del comité de expertos de la OMS. Serie de informes técnicos 779.

Papalia,D. Wendkos, S. y Duskin, R. (2010). Desarrollo humano. Recuperado de: https://iessb.files.wordpress.com/2015/0pdf.

Rodríguez, P. (2013). La atención integral y centrada en la persona. Recuperado de: http://www.fundacionpilares.org/docs/AICPweb.pdf.

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